Eli Txapartegi

Castillo de Butron, una visita fantástica

Rodeado de un halo casi fantástico y de un entorno natural salpicado de medio millar de especies de árboles, se levanta, en Gatika, el castiillo de Butron, una fortaleza de origen medieval que actualmente se encuentra entre las más exóticas de Euopa.

Fachada del castillo. (GETTY IMAGES)
Fachada del castillo.

Quien se acerque hasta el castillo de Butron, en Gatika, viajará, inevitablemente, hasta la época medieval, a los años de los enfrentamientos banderizos entre linajes de la nobleza. Allá, en una casa torre, residía la familia Butron, que en 1480 decidió transformarla en un castillo fotificado. En un principio, dicen los historiadores, el motivo de la remodelación respondía supuestamente a una estrategia militar, pero también pesaba, y mucho, la necesidad de la familia de demostrar su poderío. El resultado, eso sí, fue un castillo defensivo blindado ante cualquier ataque.

Pasaron los años, cesaron los combates y, finalmente, el castillo fue abandonado. Durante tres largos siglos estuvo deshabitado, lo que provocó un progresivo deterioro que redujo el edificio casi a escombros, hasta que fue totalmente remodelado en el siglo XIX por su nuevo propietario, el Marqués de Torrecilla. El encargado del proyecto fue el Marqués de Cubas, quien, curiosamente, basó su reforma y ampliación en las tendencias arquitectónicas de los castillos europeos de la época, todo ello aderezado con grandes dosis de fantasía. Aquel cambio fue radical e impresionante, hasta el punto de que actualmente se encuentra entre los castillos más exóticos de Europa.

Un entorno frondoso

Hoy el baluarte está cerrado al público, por lo que el visitante tiene que dejar volar su imaginación para recrear mentalmente sus estancias: la capilla, el almacén de víveres, el salón con chimenea, la mazmorra, la biblioteca, el pozo de agua, la bodega... Pero con lo que sí puede disfrutar es con su impresionante y majestuosa fachada y con el entorno natural que rodea a la fortaleza: un parque frondoso de 35.000 metros cuadrados con varios senderos salpicados por más de 500 especies de árboles a orillas del río Butrón.

Quienes se acercan a este lugar rodeado de un peculiar halo fantástico coinciden en que la visita al castillo arranca en el momento en el que la silueta de la torre del homenaje se asoma y se alza repentinamente hacia el cielo mientras subes el sendero de acceso al edificio, rodeado de palmeras.