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Investigan en Suecia a un hombre por prostituir a su esposa en un centenar de casos

La Fiscalía sueca investiga a un hombre sospechoso de haber vendido durante años a su esposa a más de un centenar de hombres para que la violaran, en un caso que recuerda al de Giséle Pelicot, que precisamente acaba de presentar un libro con sus memorias.

Manifestación en París, el pasado marzo, en solidaridad con Giséle Pelicot.
Manifestación en París, el pasado marzo, en solidaridad con Giséle Pelicot. (Amaury CORNU | HANS LUCAS-AFP)

La Fiscalía sueca investiga a un sexagenario sospechoso de haber vendido durante años a más de un centenar de hombres para que violaran a su esposa, según han informado este martes la televisión pública SVT.

El individuo, que lleva detenido desde octubre tras una denuncia de su mujer, con la que está en trámites de divorcio, está siendo investigado por proxenetismo grave.

«Considero que hablamos de proxenetismo a gran escala y que implicó una explotación desconsiderada de la demandante», ha declarado a la emisora pública Radio de Suecia la fiscal Ida Annerstedt.

El individuo, residente en la localidad de Ångermanland (norte de Suecia), obtuvo una compensación económica a cambio de los servicios.

Según SVT, se trata tanto de encuentros físicos como a través de internet, que se produjeron durante unos tres años y medio, y en los que puede haber hasta 120 hombres implicados.

La Fiscalía planea elevar una acusación formal el próximo 13 de marzo y que el juicio se celebre semanas después.

Al individuo ya se le investigó hace dos años por abusos a su mujer, aunque el caso fue cerrado. El hombre se declara inocente del caso, que está bajo secreto de sumario, según SVT.

El hombre, que en el pasado estuvo vinculado a la banda de moteros 'Ángeles del Infierno', ha sido condenado con anterioridad por maltrato y coerción, entre otros delitos, y cumplió una pena de cárcel de cinco meses, de acuerdo con medios suecos.

El caso ha provocado comparaciones con el de la francesa Gisèle Pelicot, cuyo esposo fue condenado a 20 años de prisión por haberla ofrecido a medio centenar de personas entre 2011 y 2020 para que fuera violada mientras estaba drogada.

Pelicot presenta su libro

Precisamente, Gisèle Pelicot ha afirmado este martes que se ha reconstruido «sobre un campo de minas», al presentar un libro con sus memorias, 'Un himno a la vida' (Lumen / Ara Llibres).

En una entrevista en ‘La Vanguardia’ señalado que haber escrito el libro le ha permitido hacer «una introspección, un balance de mi vida» y ha remarcado que las violaciones organizadas durante una década por su exmarido fueron, en sus palabras, un cataclismo.

Ha explicado que el momento más complicado de su vida fue cuando tuvo que decirles a sus hijos que su padre estaba en la cárcel y contarles lo que le hizo a ella, y ha apuntado que cuando le mostraron las fotografías de los actos cayó en un abismo.

El libro repasa en especial la vida de Pelicot antes del juicio, con un tono muy íntimo y generoso en los detalles.

«Sentí la tentación de soltar el volante y estamparme, pero solo por unos segundos, lo que tardé en descartarla. No era yo. Nunca le echaré una mano a la muerte», apunta en el texto, escrito junto a la periodista y novelista Judith Perrignon, sobre los difíciles momentos en los que tuvo que asimilar que su entonces marido la drogó durante años para que decenas de hombres la violaran durante casi una década.

Más que contar su visión de lo que el mundo entero vio a través de los medios durante el proceso judicial de Aviñón en 2024 –y que ella eligió que fuera abierto, para que la vergüenza la sintieran sus agresores y no la víctima-, en este relato Pelicot se centra en explicarse como niña, mujer, madre y esposa.

«La vida no puede volver a vivirse. Si lo borro todo, estoy muerta, y desde hace mucho tiempo», opina.
 
Abrir el juicio fue una montaña rusa emocional y una avalancha de atención que no esperaba. Y especialmente duros fueron los momentos de la reproducción de los vídeos de sus violaciones, aunque el objetivo era lograr que las imágenes se volvieran contra sus agresores.

Sintió las cosas cambiar con los aplausos de las mujeres que empezaron a acompañarla en las audiencias y se dio cuenta de que «algo estaba pasando» más allá de su propia historia.

«He oído la alegría y la rabia venciendo al silencio, así que estoy encantada de ofrecer mi historia como ejemplo y mi nombre como estandarte», reflexiona en el capítulo 18, que cierra su autobiografía.