Carlos Aznarez
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Berta Cáceres, no podrán asesinar tu lucha

La noticia golpeó fuerte en los movimientos populares latinoamericanos y caribeños: Berta Cáceres ha sido asesinada. Berta, esa maravillosa mujer que no sólo combatió a los usurpadores trasnacionales de su tierra hondureña sino que cuando tuvo que hablar en foros fuera de su país, como fue cuando le entregaron el Premio Goldman o en su concurrencia a la reunión que el Papa Francisco convocó en el Vaticano, no dudó en decir en voz alta cuáles son las razones por las que su pueblo lenca es perseguido y criminalizado.

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2016/03/04

El sicariato de las grandes empresas extranjeras que operan en Honduras, sumado a la represión institucional de la “dictadura democrática” del presidente Juan Orlando Hernández, son sin ninguna duda los responsables de este crimen que apunta al corazón de los que luchan en el continente.

Berta siempre estuvo a la cabeza de los de abajo y a la izquierda, fue parte fundamental de la Resistencia Hondureña contra los golpistas que derrocaron al gobierno legítimo de Manuel Zelaya, y no dudó un instante en poner toda la fuerza de su organización, el COPINH (Consejo Popular de Organizaciones Indígenas de Honduras) en apoyo a los más perseguidos, como son los campesinos del Bajo Aguán o los indígenas lencas.

Sólo la pasión militante y el coraje de Berta pudieron ser el factor fundamental que logró frenar la participación de la trasnacional china Sinohydro en la construcción de la represa de Agua Zarca, lo que significaría la privatización del Río Gualcarque, sagrado para las comunidades indígenas y vital par su supervivencia.
Ella sabía que estaba en la mira de los poderosos, nos lo confesó hace un par de años cuando vino a la Argentina a participar de una conferencia, pero no estaba dispuesta a retroceder ni un paso en su accionar  reivindicativo.  Humilde, valiente, alegre y dotada de una dignidad que impresionaba, Berta se hallaba actualmente comprometida en nuevas luchas. Los sicarios recibieron una orden y la ejecutaron. La balearon impunemente, igual que a su hermano y a otro compañero, mientras dormían. Creyeron que la mataban y no se dieron cuenta, que como en otros casos de referentes populares, la estaban sembrando en la tierra que tanto amó y defendió.