Si ellos han podido, tú también podrás con el euskara

Ahotsak Ahozko Ondarea recoge en este vídeo el testimonio de una veintena de hombres y mujeres inmigrantes que han aprendido euskara. Ellos lo tienen claro, «lo difícil es atreverse».

Oihana Llorente|2018/09/05 09:20
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Pese a haber nacido en distintos rincones del mundo, la taiwanesa Yiwen Wang, la finlandesa Mia Rissanen, la rusa Irina Tichtchenko, el joven de Senegal Bake Diatta o el irlandés Barrey Maenly tienen algo en común. Todos ellos residen en Euskal Herria y se comunican en euskara.

Este proyecto audiovisual de Ahotsak Ahozko Ondarea recoge el testimonio de una veintena de hombres y mujeres inmigrantes que gracias a su esfuerzo y determinación se han convertido en claro ejemplo de integración lingüística.

El gallego Davide Filgheras se apuntó al euskaltegi nada más llegar a nuestra tierra, y la italiana Miki Lamedica lo hizo «a lo loco» en un barnetegi. Algunos les costó más echarse a la piscina del euskara, pero, mediante AEK, clases particulares o por su cuenta, todos estos protagonistas han acabado aprendiendo y hablando euskara.

La lituana Diana Glebkute lo tiene claro, a su juicio el euskara no es difícil,«sólo hay que practicarlo». Este es el sentir de la mayoría; «lo mas difícil es atreverse, superar la vergüenza». Todos destacan además, que el hecho de aprender euskara es «muy integrador»; «se rompen muros, soy inmigrante sí, pero también soy euskaldun, y eso une mucho» aseguran.

Esta misma semana hemos conocido el caso de Pepe el Sanluqueño, un joven que llegó en patera a Sanlúcar de Barrameda hace seis años y sin haber pisado Euskal Herria ha aprendido euskara a base de hablar con los turistas vascos.

Si estas pensando en aprender euskara este puede ser un buen momento, ya que con el arranque del curso vuelven las clases de euskara. Ayer mismo AEK presentaba su programa y  el Gobierno de Nafarroa ha lanzado su convocatoria de ayudas para aprender euskara.

Al igual que el joven de Sanlúcar de Barrameda, Yiwen Wang, Mia Rissanen, Irina Tichtchenko, Bake Diatta o Barrey Maenly también son claros ejemplos de que el querer es poder.

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