Una historia de amistad entre la alpargata suletina y el kimono japonés

A primera vista, pocos son los lazos que unen a Maule y Tokio pero la alusión a esas dos urbes figura en la carta de presentación de «Art of Soule», la marca que ha reintentado el calzado tradicional para situarlo en las estanterías más selectas. La empresa fabricará una serie limitada de alpargatas empleando como material el «Minsa», tejido de Okinawa que se usa en los cinturones del kimono.

@Maite_Ubiria|2019/03/07
Artofsoule
Imagen de Art of Soule.

Yoshi Watanabe es el representante de «Art of Soule» en el país del sol naciente, destino cada año de 5.000 pares de alpargatas de diseño fabricadas por la insignia de Maule.

Deseoso de aportar un plus de distinción a su cartera de pedidos, el agente ha traído hasta la factoría zuberotarra un encargo muy especial.

De acuerdo a lo explicado ante los micrófonos de France Bleu por Mathieu Labat, uno de los dos fundadores de la marca, la empresa fabricará alpargatas con el tejido tradicional de Okinawa, el Minsa, una materia prima delicada que se emplea para fabricar los cinturones del kimono, el traje ceremonial japonés.

Concretamente, hasta Japón volarán ochenta pares fruto de esta entente creativa vasco-nipona, y los veinte restantes se venderán en la boutique que tiene la marca en Biarritz.

Al tratarse de una edición limitada, Labat –impulsor del proyecto empresarial junto a Julien Maisonnave– remarca que el encargo servirá, sobretodo, para fortalecer los lazos de amistad con Japón y no tanto para lograr beneficios económicos. De hecho, en el «Minsa» se emplean como adorno dos motivos que significan «amistad eterna».

Un cinturón de kimono de unos tres o cuatro metros puede alcanzar un precio superior a los 400 euros en Japón, y teniendo en cuenta que para fabricar cada par de alpargatas emplearán aproximadamente un metro de tejido, «el precio de venta final puede situarse en torno a los 150 euros -calcula Labat- lo que no deja, evidentemente, margen económico real, pero sí lanza un mensaje simbólico» cara a mimar a esa clientela japonesa de alta gama.

Labat, de formación abogado, y Maisonnave, titulado en Ciencias Políticas, dieron un viraje a su vocación profesional a finales de la década pasada para hacer renacer la alpargata suletina, aunque como un producto de moda.

Tras comenzar la venta de su entonces pequeña producción en los mercados que hacen las delicias de los veraneantes en Biarritz, Hendaia o Getaria, dieron el salto, primero a París y luego al mercado asiático.

Reportaje completo de France Bleu aquí.