Profesora de autodefensa feminista
Erradicar la violencia sexista no es estar a favor de las mujeres

Hace unas semanas, una compañera feminista, en relación a una denuncia falsa por violencia de género efectuada contra un hombre cercano a mí, me decía que solemos decir que hay que defender a las mujeres y en el caso señalado esa mujer era indefendible.

2019/10/04

Muchas veces hemos escuchado que las mujeres tenemos que salir del victimismo. Según la Wikipedia, el victimismo es: «la tendencia de una persona, grupo de personas, o colectivo a considerarse víctima o a hacerse pasar por tal». (https://es.wikipedia.org/wiki/Victimismo). No tengo ninguna duda de que habrá mujeres que se victimizan y utilicen el sistema de forma fraudulenta, siendo ellas normalmente, sumamente patriarcales. Como habrá hombres que se victimizan para mantener sus privilegios. Las dos formas buscan de manera instrumental obtener beneficios y deberían ser denunciadas. En los casos en que una mujer no haya sido víctima de violencia material y utilice el sistema de manera instrumental, el propio sistema tiene mecanismos de protección. Lo que me llama la atención es que las consecuencias de esa instrumentalización, individual y aislada de la ley pretenda ser la excusa para negar la violencia sexista o para no cuestionar los privilegios de los hombres. Las consecuencias de esa instrumentalización de la ley no tiene la misma repercusión social. Es más, la diferencia es que mientras los casos de las mujeres que se victimizan son excepcionales, los hombres que se victimizan se han constituido en partido para legislar contra los derechos de las mujeres.

El patriarcado ha conseguido victimizar a los hombres y que cale su mensaje en el imaginario social, porque es un imaginario abonado al sexismo. Uno de los elementos del negacionismo es identificar a los hombres como «pobres» porque están «sufriendo» las leyes de igualdad. Incluso, afirman que los hombres sufren más violencia que las mujeres, pero que no se sabe.

Para que haya una víctima tienen que producirse tres elementos: sufrir un daño ajeno; que sea evitable, y que el acto rompa la norma de convivencia. Este último es la clave, en el caso de la violencia contra las mujeres, y de él se deriva, la facilidad para identificar a los hombres machistas como víctimas y la dificultad para reconocer a las mujeres como víctimas. Las mujeres deben de cumplir con una serie de requisitos: tener «pinta de víctima» (?), estar destrozada, mostrar debilidad extrema y ningún signo de empoderamiento. Las mujeres, el conjunto, con toda nuestra diversidad feminista pero toda nuestra homogeneidad patriarcal, hemos sido catalogadas históricamente como el sexo débil y a la vez el sexo de la provocación. Es decir que entre débiles y/o victimarias se ha diluido la capacidad de articular la legítima defensa por parte de las mujeres y así como el derecho a la denuncia. No solo de la violencia, sino de cualquier situación de discriminación porque la propia denuncia rompe la norma de convivencia patriarcal, la norma que estructura la organización social.

Hace unas semanas, una compañera feminista, en relación a una denuncia falsa por violencia de género efectuada contra un hombre cercano a mí, me decía que solemos decir que hay que defender a las mujeres y en el caso señalado esa mujer era indefendible. Claro, el abuso, la manipulación y la injusticia, desde una perspectiva feminista, son indefendibles. Yo creo que en lo colectivo hay que defender los derechos de las mujeres y en lo individual hay que analizar e investigar para que no se vulnere ningún derecho. Por cierto, hasta donde yo sé el sistema cuenta con mecanismos de investigación y de sanción, si fuera el caso, para las denuncias falsas. Quienes niegan el sistema patriarcal suelen exponer públicamente esos casos aislados para provocar en el imaginario la idea de ataque contra los hombres cuando en realidad esas mujeres, a parte del daño que generan, hacen un flaco favor a la lucha por la igualdad y en especial a las mujeres que sí son víctimas de la violencia machista.

Considero que lo que hay que defender es la justicia, la igualdad de derecho y de trato porque pensar en defender a las mujeres, a secas, es caer en el esencialismo y en la ceguera sexista. Mujeres que se victimizan, las hay, por cierto, con posicionamientos y prácticas patriarcales como la presidenta de la Comunidad de Madrid, que van de víctimas del machismo para intentar defender lo indefendible: su status, la corrupción o mujeres como la infanta Cristina o la exministra Ana Mato que intentan excusarse con el estereotipo patriarcal de la mujer que no sabe nada de lo que hace su marido, mientras se benefician de sus delitos. Esas mujeres que utilizan el patriarcado para la defensa de sus delitos o para obtener beneficios desde las posiciones de búsqueda de pena, no tendrán nunca mi sororidad. Lo que no podemos obviar es cada ocho horas una mujer es violada y cada semana varias mujeres son asesinadas y eso solo es la violencia más evidente y salvaje. Es decir, reconocer la utilización instrumental, retorcida e individualista de algunas mujeres, por mucho que nos duela, no puede hacernos negar la estructura social que genera una situación de desigualdad y violencia sexista, que discrimina colectivamente a las mujeres. Al sistema patriarcal siempre le ha interesado presentar los casos de violencia de manera individualizada porque así despolitiza la violencia machista y focaliza el problema en lo anecdótico de los hechos, de manera aislada sin contexto. Y así para los negacionistas «la violencia no tiene género» porque no hay machismo ni desigualdad solo el orden que dios manda. Quizás haya gente que piense que ser víctima es una bicoca, posiblemente porque nunca fueron víctimas, ojalá nunca sean víctimas de ninguna violencia.

Eliminar el sexismo pasa por romper con el imaginario patriarcal de guerra de sexos, de los hombres contra las mujeres o viceversa. Se trata de situar en el debate y en la práctica, la defensa de la igualdad y de todos los derechos para todas las personas.

Erradicar la violencia sexista no es estar a favor de las mujeres es, simple y llanamente, estar a favor de la justicia y de los derechos humanos, ni más ni menos.

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