Denunciar la pederastia
Javier Orcajada Del Castillo
2015/12/01

El revuelo provocado por el artista mostrando su rechazo a los curas pederasta, lo hace en el uso de su libertad creativa. El arte no puede estar condicionado, pues significaría intervenir ilegítimamente en la creatividad del artista. Sólo con una limitación crítica: la conciencia y convicciones de los demás. En este caso el autor se convierte en provocador y en esa faceta la libertad debe respetar las convicciones ajenas. El hecho de que haya recolectado las hostias yendo a comulgar como cualquier creyente y dando publicidad a su iniciativa, es una evidencia de que busca la popularidad con una acción llamativa, pues podría haberlo hecho sin estar consagradas y no hubiera ofendido a los que tienen esas creencias. Claro que el efecto sobre la opinión pública hubiera tenido escaso eco. Su objetivo era provocar el escándalo, lo cual es algo muy distinto a desarrollar el arte.

Pero lo que sorprende es el efecto mediático que ha causado en la opinión pública. Al respecto habría que recordar el caso de Salman Rushdie, con su libro Versos Satánicos, queriendo ofender las creencias religiosas de los musulmanes. Qué decir de la revista Charlie Hebdo, publicando caricaturas ofensivas de Mahoma, lo que les costó ser víctima de cruel venganza. O los dibujos provocativos de un escritor danés ironizando sobre la fe de los musulmanes. En estos casos la opinión pública en Europa defendió con vigor la opinión de que los autores estaban ejerciendo el derecho de información como un bien supremo que nunca puede cercenarse, pues es la esencia de la democracia. Por tanto, he aquí que las reacciones son diversas en función de cual sea la religión a la que se pone a prueba: se sigue defendiendo con pasión la religión católica, a pesar de que la mayoría de la ciudadanía se manifiesta no creyente o que da escasa importancia a las convicciones religiosas. Pero cuando la ofensa se dirige a otras, se argumenta que las creencias son incompatibles con los valores laicos por ser superiores, como es la libertad de expresión.

Por lo demás, habrá que felicitar al artista que es capaz de provocar el interés de la población con algo tan básico como escribir «pederastia», sólo que con la originalidad de hacerlo con hostias. Y ofender creencias no es arte, esto se llama provocación. Su autor ha descubierto un filón que quedará a su criterio explotarlo o no, aunque la población haría bien en tener ideas propias.

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