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¿Cómo ha de ser nuestra relación con el territorio?
El urbanismo especulativo del último ciclo alcista terminó abruptamente en una larga crisis económica. Ese desenlace nos obliga a revisar los principios sobre los que hemos construido nuestra relación con el territorio en las últimas décadas y a proponer nuevos paradigmas.
Revisión de las Directrices de Ordenación del Territorio
Eguneratua 2016/05/16 10:43
José Allende Catedrático de Planificación Urbana y Regional en la UPV/EHU

El Departamento de Medio Ambiente y Política Territorial del Gobierno Vasco, en el último “Euskal Hiria Kongresua” de noviembre de 2015, enfatizó, con insistencia, en propiciar, incentivar y mejorar la participación pública «de verdad», elaborando un Plan de Participación del procedimiento de Revisión de las Directrices de Ordenación del Territorio de la CAV. En noviembre de 2016 formulará el “Avance de Directrices…”(DOT) pero, por ahora, no se observa atisbo alguno de participación pública en el ámbito social y, sin embargo, se trata de un documento crucial para la ordenación urbana y regional del territorio. Hablamos de participación real, visible, contrastable públicamente y no de «participación digitalizada».

Las DOT aprobadas en 1997 iniciaron su andadura en 1992-1994. Han pasado casi 25 años caracterizados por una desbocada eclosión de un urbanismo especulativo de construcción de ciudad y destrucción de territorio con gran degradación del medio físico y natural (véase el «urbanismo salvaje» de toda la costa Mediterránea). La llamada «década especulativa» (1997-2007) ha sido el colofón de una senda tortuosa en la cuestión urbano-territorial que finalizó bruscamente en 2008.

Este cambio global representa un rumbo muy diferente en las políticas de ordenación territorial y no parece algo pasajero y coyuntural. Se acabó el urbanismo depredador e inconsciente generador de espacios urbanos inhabitables en los que han prevalecido políticas sectoriales compartimentalizadas y desconexionadas. Se acabó seguir considerando al territorio como objeto de corrupción, especulación y como reserva de suelo urbano-residencial. Caminamos pues hacia un nuevo urbanismo más honesto y esperanzador en el que destaco, en esta ocasión, algunos principios generales que estimo obligado debatir y abordar en la revisión de las DOT en la CAV:
Desde 1992-1994, fecha en la que se inicia la configuración de las DOT, han cambiado muchas cosas. La crisis, cambio global o revisión de principios y valores que se inicia en 2007-2008, exige hoy, en 2016, un replanteamiento de aquellas DOT iniciadas y concebidas hace más de 20 años.

Resulta crucial abordar la reflexión de su revisión bajo el nuevo paradigma del desarrollo sostenible, que no fue suficientemente considerado e incorporado en la aprobación de las DOT, en 1997. Nuestros actuales modelos de producción, consumo y movilidad deben innovarse con urgencia, incorporando condicionantes ecológicos y ambientales por una parte, así como sociales, éticos y territoriales por otra. Y todo ello priorizando, frente al crecimiento, la rehabilitación, regeneración, renovación y remodelación. Iniciamos pues la transición hacia un desarrollo urbano y de sistemas de asentamiento territoriales sostenibles.

Si algo se enfatiza durante las últimas dos décadas en documentos de relevancia para el urbanismo y ordenación territorial en general, producidos en la Unión Europea y en España, es la urgente necesidad de participación pública real en los procesos de planificación territorial. Requisitos de la nueva gobernabilidad son el diálogo, la transparencia y la participación de agentes sociales, económicos y políticos en la gobernanza local-regional.

El cambio climático y uno de sus corolarios en la planificación territorial cual es la accesibilidad y movilidad sostenible deberán estar muy presentes en las nuevas políticas territoriales urbano-regionales. Nuevas ordenanzas, normas… frente a genéricas estrategias. La movilidad sostenible exige evitar la expansión de los espacios dependientes del automóvil, reconstruir la proximidad como valor urbano, recuperar el espacio público en la ciudad como lugar de encuentro, revitalizar la calle como lugar de convivencia, etc.

La cohesión social y la amplia casuística medioambiental alcanzan una relevancia desconocidas hasta la fecha en las agendas territoriales comunitarias, donde se enfatiza con insistencia en la participación pública real.

La potenciación de los sistemas de transporte ferroviarios, tanto para pasajeros (cercanías…) como para mercancías, adquieren una particular vigencia y prioridad en los planes y programas territoriales.

Sobre todo después de la denominada «década especulativa» (1997-2007), se hace cada día más evidente la necesidad de cuestionar el crecimiento indefinido y de establecer límites y umbrales al crecimiento de consumo de recursos, población, tamaño urbano, artificialización del suelo, etc. Fernando Prats señala: «Se requiere contener el crecimiento indiscriminado, reciclar y revalorizar la ciudad existente y multiplicar la ecoeficiencia urbana» (Informe Cambio Global en España 2020. CCEIM, Fundación CONAMA y OSE, Madrid 2009). En Euskadi, el estancamiento-recesión de la población, (envejecimiento…), al menos durante los próximos 15 años, debe resultar crucial para los planteamientos del nuevo desarrollo territorial sostenible.

Es absolutamente necesario que el revisado planeamiento territorial incorpore enfoques integrados e integradores, bajo el nuevo prisma holístico, superador de los tradicionales y nefastos enfoques sectoriales y compartimentalizados (transversalidad horizontal y vertical institucional). Ello no debe impedir debatir y proponer una visión a largo plazo, revisable, del desarrollo de las ciudades y del territorio contemplado.

La escala comarcal, con el medio rural y con sus ciudades y pueblos medianos y pequeños, representa una escala territorial a la que debe darse mucha mayor atención bajo el nuevo paradigma del desarrollo sostenible. Ello no va en absoluto en contradicción con el concepto de ciudad-región que estableció en su día. Robert E. Dickinson (1961). Las relaciones entre el mundo rural y urbano deberían plantearse en términos de respeto mutuo, complementariedad, colaboración y desde una visión holística, conteniendo la dispersión, protegiendo el paisaje y los valores agro-pecuarios y ambientales de las zonas rurales… Se acabó la sumisión de lo rural a lo urbano.

Cualquier política de ordenación del territorio debe reconsiderar y contemplar, en profundidad, la capacidad de carga de ese territorio y el uso racional y sostenible de los recursos disponibles en dicho territorio. Debe abandonarse la idea de concebir el suelo rústico como un espacio marginal o «vacío de oportunidad».

El nuevo paradigma urbanístico y territorial se orientará, durante al menos la próxima década, por la rehabilitación, reutilización, remodelación y regeneración de la urbe frente a nuevos crecimientos en zonas vírgenes de territorio. Fuerte limitación del crecimiento físico sobre territorios vírgenes. Hacer ciudad sobre ciudad existente y, en todo caso, urbanismo de ensanche. (Leipzig Charter, 24-25 de mayo, 2007).

«Se acabó seguir considerando al territorio como objeto de corrupción, especulación y como reserva de suelo urbano-residencial. Caminamos pues hacia un nuevo urbanismo más honesto y esperanzador»