El acuerdo, más difícil si no hay respaldo popular

Las negociaciones en torno a la crisis griega, especialmente desde el referéndum del 5 de julio sobre las medidas planteadas por los acreedores internacionales, vienen mostrando la complejidad de la situación que vive el país heleno, la zona del euro y el conjunto de la UE. El episodio que se desarrolló ayer incluyó un principio de acuerdo, suscrito por los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona, que abre paso a un tercer rescate para Grecia a cambio de que cumpla una serie de estrictas condiciones. Ello es fruto de unas intensas negociaciones marcadas por la dura presión ejercida sobre el Gobierno griego, especialmente por Alemania, por lo que no es de extrañar que su resultado haya generado ya algunas discrepancias en el seno de Syriza y cierto descontento entre la población.

Conviene resaltar que este acuerdo es la base para unas negociaciones que deberán emprenderse ahora –siempre que cuente con el visto bueno del Parlamento de Grecia y de otros estados del Eurogrupo– y cuyo resultado habrá de valorarse en el momento en que las consecuencias que implique sean firmes. Por el momento, se descarta la posibilidad del Grexit con la que en las últimas horas amenazaban las autoridades alemanas y que el Gobierno de Syriza siempre ha querido evitar. Asimismo, pone sobre la mesa una posible reestructuración de la deuda a cambio de ajustes que abarcan aspectos como las privatizaciones, el sistema de pensiones y las subidas de IVA. Cuestiones espinosas que han marcado el transcurso de las negociaciones y que todavía no están claramente detalladas.

La decisión de rechazar el ultimátum de la troika fue la que encomendó al Ejecutivo de Tsipras la búsqueda de un acuerdo que evitara hipotecar más aún al país. Un camino que no es sencillo. Pese al acuerdo de ayer, el proceso no estará exento de tensión en la medida en que se plantee ahondar en la austeridad. Con todo, siguiendo la senda del 5 de julio, le corresponde a la ciudadanía griega decidir si quiere continuar por esa vía y a Syriza, acertar con el mecanismo para que el pueblo mantenga su soberanía.

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