naiz
Washington-París

Debate entre rastreadores humanos y aplicaciones digitales para detectar el virus

¿Digital o manual? ¿Bluetooth o GPS? ¿Centralizado o descentralizado? Los esfuerzos por vigilar la propagación del nuevo coronavirus, conocidos como rastreo de contactos, se están llevando a cabo en Estados Unidos mediante diferentes enfoques sobre el uso de la tecnología y las libertades individuales. Mientras, en el Estado francés avanza la puesta en marcha de la app StopCovid.

El rastreo de las personas que pueden estar contagiadas por el SARS-Cov-2 es trascendental para controlar la epidemia. (Lionel BONAVENTURE | AFP)
El rastreo de las personas que pueden estar contagiadas por el SARS-Cov-2 es trascendental para controlar la epidemia. (Lionel BONAVENTURE | AFP)

En Estados Unidos, algunos gobernadores han rechazado emprender programas de rastreo digital y, en su lugar, han contratado a miles de rastreadores de contacto humano. En ambos casos el objetivo es el mismo: localizar a las personas que han estado cerca de un individuo diagnosticado de covid-19. Y en ambos se comparten los recelos sobre la privacidad y la vigilancia gubernamental.

Una plataforma Apple-Google diseñada con Bluetooth busca facilitar el rastreo de contactos digitales, permitiendo que los dos sistemas predominantes en el mundo puedan comunicarse entre sí.

El sistema presentado esta semana por los dos gigantes tecnológicos se ha puesto a disposición de las instituciones en 22 países, pero hasta ahora solo se ha adoptado para aplicaciones en tres estados de Estados Unidos.

Algunas instituciones están buscando un control centralizado a través de las agencias de salud y el uso de localización satelital (GPS), una fórmula rechazada por otras entidades por sus riesgos para la privacidad y el respeto de las libertades civiles.

«No sabemos todavía si alguna de estas tecnologías funcionará, pero sí sabemos que actualmente carecemos de muchas de las protecciones necesarias para evitar el abuso o extralimitación», comenta a AFP Neema Singh Guliani, de la Unión Americana de Libertades Civiles.

En cambio, Jules Polonetsky, del Foro sobre el Futuro de la Privacidad –un grupo de investigación sin ánimo de lucro– considera que el sistema lanzado por Google-Apple es equilibrado porque mantiene los datos en privado hasta que los usuarios deciden compartirlos.

«Confiar en estas aplicaciones es, en mi opinión, una medida de seguridad suplementaria potencialmente útil y que llena un vacío creado por los desafíos actuales», señala Polonetsky.

Seguimiento

Varios estados de EEUU están lanzando sus propias aplicaciones, una situación similar a la de Europa, donde se desarrollan sistemas que compiten entre sí.

La aplicación Crush Covid, de Rhode Island, desarrollada por Infosys, compañía con sede en India, utiliza la detección de localización basada en GPS, mapas y notificaciones automáticas.

La aplicación Healthy Together, de Utah, utiliza un sistema similar y promete eliminar la ubicación y datos transcurridos 30 días.

Por su parte, algunos funcionarios estatales han presionado a Google y Apple para permitir el uso de datos de ubicación en sus programas.

Polonetsky señala que cualquier cambio «afectará a los usuarios en todos los países del mundo, creando riesgos de que los gobiernos puedan hace un mal uso de la API (interfaz) para aplicar leyes o abusos contra los derechos humanos».

Lauren Sarkesian, del Instituto de Tecnología Abierta de la Fundación Nueva América, subraya que para conseguir una amplia participación «los gobiernos y los proveedores deben garantizar fuertes protecciones de privacidad, especialmente evitando la recopilación de datos confidenciales de ubicación».

Para ser efectivo, el rastreo digital necesita la aceptación de al menos el 40% o el 60% de la población, según apuntan distintos investigadores.

En Utah, unas 45.000 personas –menos del 2% de la población– descargaron la aplicación de rastreo en su primer mes.

Una encuesta realizada por la firma PSB concluyó que dos tercios de los estadounidenses desconfían del Gobierno sobre el uso de datos personales a la hora de lidiar con la covid-19.

El rastreo digital puede verse obstaculizado por una baja tasa de adopción y la competencia entre sistemas, añade Claire Standley, profesora del Centro de Ciencias de la Salud y Seguridad Global de la Universidad de Georgetown.

Rastreo a la antigua

Al margen de las aplicaciones, algunos estados han adoptado el rastreo de contactos a la antigua, con llamadas a las personas que corren riesgo de infección. Una tarea titánica que afronta sus propios retos.

Según estimaciones optimistas, se necesitarían unos 100.000 nuevos rastreadores para el conjunto de Estados Unidos, aunque algunos expertos dicen que el número necesario es mucho mayor.

Nueva York ha contratado unos 17.000 rastreadores; California, al menos 10.000; y el esfuerzo se ha trasladado a otros estados como Massachusetts, Maryland y Virginia.

Albert Gidari, del Centro para Internet y Sociedad de Stanford, opina que las app serán mejores y más rápidas que un rastreo manual, lento e impreciso, implementado por personas.

Otros expertos aseguran que la pandemia es tan desafiante que requiere una combinación de rastreo humano y digital. Standley no descarta esta fórmula: «Puede haber un beneficio adicional al incluir tecnologías digitales junto con el rastreo tradicional».

Mientras las estrategia de rastreo del virus se optimizan, Estados Unidos es el país con mayor número de contagios registrados, más de 1,6 millones de personas, y cerca de 100.000 muertes, según el recuento de la Universidad John Hopkins.

La aplicación francesa

Al otro lado del Atlántico, este martes la autoridad administrativa independiente encargada de supervisar las libertades digitales en el Estado francés ha dado luz verde a la puesta en marcha de StopCovid, la polémica aplicación de rastreo de contactos a través de teléfonos móviles impulsada por el Gobierno de Emmanuel Macron para luchar contra la epidemia del coronavirus.

En su informe, la Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL) considera que la aplicación respeta las diferentes disposiciones legislativas relativas a la protección de la vida privada, al tiempo que indica una serie de recomendaciones para su puesta en marcha.

Esta app permitirá a un usuario de móvil guardar el rastro de otras personas con las que se ha cruzado durante las dos últimas semanas, a menos de un metro y durante al menos quince minutos. Si este usuario descubre que es portador del coronavirus, puede prevenir a las personas con las que ha tenido ese contacto notificando su contagio a la aplicación.

StopCovid ha suscitado el recelo de buen número de organizaciones de defensa de la privacidad, que temen que no sea más que un primer paso hacia una sociedad vigilada donde nuestros hechos y gestos son espiados permanentemente por sistemas automáticos.

Pero la CNIL, que ya había dado un primer aval el 24 de abril, da por constatado que los desarrolladores de esta aplicación han levantado suficientes cortafuegos para impedir esa deriva.

No obstante, formula varias observaciones para reforzar más la protección de la privacidad de las personas, especialmente para mejorar la información suministrada a los usuarios o sobre el «derecho de oposición y a la eliminación de datos registrados bajo seudónimo».

StopCovid solo estará disponible de forma estrictamente voluntaria. La aplicación funciona sin geolocalización pero sobre la base de la tecnología Bluetooth, que permite a los aparatos electrónicos comunicarse entre ellos a corta distancia.

La Asamblea Nacional y el Senado debatirán este miércoles el proyecto gubernamental antes de pasar a votarlo. «En reserva del voto del Parlamento», la aplicación podría llegar a las tiendas de aplicaciones de Google y Appel a partir del fin de semana, según ha indicado Cédric O, secretario de Estado para lo Digital, en una entrevista con “Le Figaro” publicada este mismo martes.