El Estado cubre la retirada de Juan Carlos de Borbón

La marcha de su abuelo Alfonso en 1931 quizás tuviera algo de épica, la de Juan Carlos de Borbón en 2020 es solo grotesca. Con la bendición de su hijo y sucesor, la aquiescencia de la Fiscalía radiando la jugada y el visto bueno de Moncloa, el Rey emérito se ha ido y no dice adónde, aunque algunos medios los sitúan en República Dominicana.

RAMÓN SOLA|04/08/2020
Borbon
Retirada del retrato de Juan Carlos de Borbón del Parlamento de Iruñea. (Iñigo URIZ/FOKU)

Según las filtraciones, faltaban unas pocas semanas para que la Fiscalía que analiza sus multimillonarios manejos entre Araba Saudí y Suiza formulara acusación. Y lo que al principio parecía una broma ha terminado siendo realidad: Juan Carlos de Borbón no se va a quedar esperando, al menos no en suelo estatal. Pone tierra de medio, se marcha, de hecho se ha ido ya; así de sencillo y a la vez absurdo, grotesco e histórico a la par. El anuncio público intenta dar normalidad a una acción que en cualquier otro caso sería tildada de «fuga» o «desafío a la Justicia» («exilio» sería demasiado honroso). Pero tiene trampa, porque no se detalla dónde va a fijar residencia... ¿o refugio? También es significativo que ni el rey padre ni el rey hijo hayan dado la cara para verbalizarlo, lo hicieron por escrito.

Aunque la decisión se explica plenamente por su contexto: la investigación judicial que, lanzada en Suiza y con estación en el Estado español, iba estrechando el cerco sobre el designado por Franco. Eso sí, cada paso se ha ido telegrafiando, como queriendo avisar al navegante. Tras el anuncio de ayer se incidió en que de momento el Ministerio Público solo está estudiando la documentación suiza.

Técnicamente, se trata de una investigación preliminar en la que se dirime si el caso debe archivarse o hay materia como para dar traslado a la Sala de lo Penal del Supremo, tribunal ante el que el Rey emérito está aforado desde su abdicación en 2014. El fiscal encargado, Juan Ignacio Campos, no ha dado ningún paso concreto, por lo que Juan Carlos no está investigado formalmente. Pero debería acabar estándolo, como poco por no declarar a Hacienda el multimillonario «regalo» (quizás comisión por el AVE de La Meca) hecho por la monarquía saudí: 65 millones de euros.

Como testaferra o simplemente examiga aparece en la trama la aristócrata y empresaria alemana Corinna Larsen. En un último aviso la pasada semana, la Audiencia Nacional decidió citarla a ella en esta investigación, mientras el Supremo seguía dando tiempo al Borbón.

Su abogado corrió a asegurar ayer que Juan Carlos seguirá a disposición de la Fiscalía si es requerido, aunque resida fuera del Estado español. De momento no se sabe ni dónde está, aunque algunos medios de comunicación afirman que se encuentra ya en República Dominicana. En rebeldía, se dice en otros casos.

Servicio a España

La versión oficial es el mensaje conjunto borbónico, que viene a presentar la marcha como un gesto del rey padre para allanar el camino al rey hijo. En los primeros momentos hubo quienes intentaron escenificar que ha sido Felipe quien ha forzado la marcha de Juan Carlos, en un gesto de autoridad que seguiría a la retirada de la asignación económica en marzo. La tesis había sido sembrada previamente, pero no coló y fueron pocos quienes siguieron anoche por esa vía. Y muchos más, por contra, quienes tildan al actual inquilino de Zarzuela de cómplice de una fuga en toda regla.

En su carta, Juan Carlos le dice a Felipe que quiere marcharse del que ha sido su hogar durante 57 años para que el actual rey pueda actuar «desde la tranquilidad y el sosiego que requiere tu alta responsabilidad».

«Mi legado y mi propia dignidad como persona así me lo exigen», añade Juan Carlos en su carta. Recalca que adopta la decisión con el mismo afán de servicio a España que inspiró su reinado, concluido abruptamente con una abdicación en 2014, que cada vez cobra más sentido por los hechos investigados y otros escándalos sumados.

Dice Juan Carlos de Borbón que hace un año ya trasladó a Felipe VI su voluntad y deseo de dejar de desarrollar actividades institucionales y señala que ahora toma esta decisión guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, a sus instituciones «y a ti como rey». Como se ve, todo queda en casa, lo que en cierta medida encadena a Zarzuela a los pasos que en lo sucesivo tome el emérito.

El comunicado de Zarzuela señala que, en correspondencia, Felipe VI ha transmitido a su padre «sentido respeto y agradecimiento ante su decisión». «El rey desea remarcar la importancia histórica que representa el reinado de su padre, como legado y obra política e institucional de servicio a España y a la democracia; y al mismo tiempo quiere reafirmar los principios y valores sobre los que ésta se asienta, en el marco de nuestra Constitución y del resto del ordenamiento jurídico», sigue.

Ahora, apuntalar a Felipe

Dirigentes como el president catalán, Quim Torra, evocaron inmediatamente la marcha de su abuelo, Alfonso XIII, en 1931. Pero aquello ocurrió en coincidencia con la proclamación de la Segunda República, riesgo ante el que se parapetan los actuales aparatos del Estado.

No solo los tribunales y la Casa Real participan en esta maniobra para soltar el lastre que supone Juan Carlos. También La Moncloa se unió con un mensaje complaciente. Desde la Secretaría de Comunicación –aquí tampoco dio nadie la cara por Juan Carlos– se trasladó «respeto» a la decisión y se subrayó el «sentido de la ejemplaridad y transparencia que siempre han guiado al rey Felipe VI».

La decisión ha sido precedida por una gira del actual monarca por las diecisiete comunidades autónomas del Estado, en la que ha pisado Bilbo, Gasteiz y Zizur Txikia. El objetivo propagandístico era evidente, pero la noticia –más allá incluso de Euskal Herria y Catalunya– han sido las demandas republicanas a su paso. La monarquía reinstaurada por decisión de Franco en 1975 atraviesa sin duda sus peores momentos, pero está acostumbrada a convivir con los escándalos y salir indemne.

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