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Dos visiones de la misa jugada

Las elecciones de ayer ofrecen dos fotografías, dos visiones de la misma jugada. Como en el fútbol.

Los que jugaban en casa se han quedado como estaban. Con una derecha incapaz de romper su techo, aunque con serios reordenamientos internos, y un PSOE que, además de ser incapaz de gobernar en solitario, pierde escaños.
Los que jugaban fuera, catalanes, vascos, gallegos, baleares... han visto recompensado el esfuerzo por la unidad suscrito en Llotja de Mar y ahora exhiben músculo en ese Congreso de los Diputados que les niega como pueblos.

Pero la realidad es terca y muestra que hay más de dos millones de ciudadanos con DNI español que quieren devolverlo. Y que en Euskal Herria hay un independentismo pujante que tiene representación en todos y cada uno de los territorios del sur.

Sánchez está llamado a formar gobierno, él sabrá cómo, pero también está llamado a sentarse con los legítimos representantes de Catalunya, Euskal Herria, Galicia... para dialogar, negociar y en su caso acatar el mandato popular.

La tentación de una gran coalición autoritaria para aplastar los brotes independentistas está llamada al fracaso porque esos brotes nacen de fuertes raíces y, además, porque si cabalga a lomos del tigre, terminará devorado por él.

Sánchez tiene una ocasión histórica para resolver los problemas que su España ha generado durante siglos de porra y mosqueton. La fórmula es muy sencilla: romper los candados.

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