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Encrucijada o rotonda

Es un lugar común en política describir las situaciones complicadas como un cruce de caminos en el que la dirigencia tiene que elegir el camino a seguir.

En esas están en Catalunya. Con una dirigencia que cambia de criterio con demasiada frencuencia y corre el peligro de bloquearse y detener el coche, aunque tengan gasolina suficiente para recorrer el largo camino hasta la meta del independentismo.

La magnífica manifestación del sábado en Donostia ofrece espacio para ésta y otras reflexiones. Y es que los largos días y noches de la semana pasada en las calles catalanas han encendido también aquí la esperanza de un futuro en libertad, un futuro de repúblicas.

En la encrucijada catalana nos miramos los vascos y hasta opinamos sobre qué camino debieran tomar en estos días de duda, emoción y sobresalto. Y lo hacemos con respeto, porque no puede ser de otra forma entre pueblos que se han hermanado cruzando sus banderas.

El problema es que muchos de los nuestros creen que llegará el día en que también el PNV llegará a un cruce y tendrá que elegir.

No se engañen. Los jelkides, los de Urkullu pero también los de Egibar ya han optado por vivir en la rotonda del autonomismo. Vueltas y más vueltas. Y sin necesidad de elegir ni salir. Ahí están cómodos.

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