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Ibarretxe suena bien, pero...

Desde la ubicación ideológica de cualquier demócrata -sea nacionalista, abertzale o titular de cualquier otro sentimiento identitario- resulta muy sencillo empatizar con los postulados que defiende el lehendakari Ibarretxe cuando habla del anunciado choque de trenes entre España y Catalunya.

Juan José Ibarretxe ha dejado sentado que los herederos de los Reyes Católicos no tienen un problema con Catalunya sino con la misma democracia, algo consustancial con su naturaleza, génesis y desarrollo ulterior. O sea, que hincan sus raíces en la intransigencia, ambición de poder y necesidad de terreno abonado para el mangoneo, algo que ya está a la vista de todo el mundo.

También suena bien la partitura de Ibarretxe cuando canta que el día del referéndum, el 1 de octubre, tiene que ser una fiesta. Y a buen seguro lo será en aquellos pagos, porque es lo que quiere el pueblo.

El problema -siempre hay un problema- es que las verdades del barquero que canta Ibarretxe son negadas por su propio partido. Porque ese es el bastón en que ahora se apoyan los poderes españoles para sustentar la negación de los pueblos. Que nadie se llame a engaño porque Soraya Saez de Santamaría habla muy claro. 

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