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La política de las pinzas

En este tiempo de cuaresma electoral, el PNV sabe que se juega la hegemonia en muchos puntos emblemáticos de Hego Euskal Herria. Y ya ha elegido contrincante: la izquierda independentista.

Sabe, porque lo ha experimentado, que su bastión tiene también grietas y que lo que pensaba inmutable se le ha ido de las manos en ocasiones, no tan lejanas en el tiempo.

Será por eso que, llegado el caso, no duda en adentrarse en el espinoso terreno de lo absurdo y presentar a EH Bildu como socio del PP en forma de "pinza" parlamentaria para poner en aprietos al gobierno de Urkullu. Es decir, lo increible.

Alguien sensato debiera recordar a Ortuzar y compañía, que en política no cabe hablar en términos de menaje doméstico. Es decir, que una mayoría no es un rodillo y una coincidencia no es una pinza.

Si Elkarrekin Podemos, EH Bildu y Partido Popular están por la labor de detener el desenfrenado y alocado desarrollo de las grandes superficies comerciales que ahogan al pequeño comercio y desestructuran la vida social y vecinal de barrios y pueblos, no están conformando ninguna pinza. Simplemente están de acuerdo en que la política de sumisión a ls grandes multinacionales que tánto gusta a PNV y PSOE, es mala.

Y si creen que hay que cumplir con los compromisos adoptados con  el profesorado vasco, tampoco hacen pinzas ni rodillos ni amasadoras de programas.

El PNV funciona como ungido por el dedo divino y quien ose demostrar que su omnipotencia no es tal, cae en el anatema.

Mejor hiciera en poner en práctica esa capacidad negociadora de la que tánto alardea y tan poco pone en práctica.

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