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Las fotografías, otra vez

Los que mandan en España no terminan de resignarse, cuando saben a ciencia cierta que tienen perdida la partida. Siglos de represión no han sido suficientes para asimilar las realidades que acampan en la península a la forma estatal con la que sueñan desde tiempos de Isabel y Fernando.

Someten pero no convencen y por eso no vencen.

El último episodio de su pataleta ha tenido lugar en Berriozar. Después de una semana de desfiles y ridículas demostraciones de fuerza, la Guardia Civil ha detenido a tres jóvenes por el grave cargo de haber portado rertratos de presos políticos vascos durante la marcha de Korrika. La acusación es de "enaltecimiento del terrorismo". Como si una persona fuera en si misma "terrorismo".

Lo absurdo del caso está ya documentado en numerosos  episodios judiciales, pero de lo que se trata ahora no es de evitar la apacición de fotografías. Ya saben que eso es imposible e impensable. De lo que se trata es de cambiar la hora y el calendario para retrotraernos al tiempo en que, al parecer, se sentían más cómodos. Se vuelven a equivocar.

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