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Las versiones increíbles


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Desde que uno tiene memoria, los vascos vuelan.

Hubo un tiempo en que fuimos un pueblo marinero, en aquellos años de Elkano y compañía, pero de repente nos convertimos en pueblo volador: cada vez que un guardia civil disparaba al aire, el tiro le daba a un vasco a la altura de los riñones. Cosas que pasan.

Luego fue Mikel Zabalza el que se escapó, esposado, nadando por el río Bidasoa. Y se ahogó, claro.

También Lasa y Zabala se fueron a disfrutar de las américas, aburridos de su exilio en Iparralde. Para aparecer luego en Bussot, asesinados por dos mónstruos. De la Guardia Civil, claro. Otra casualidad.

Las versiones de la Guardia Civil son tan increíbles como su propio nombre. Porque guardias serán, pero civiles, no.

Ahora nos cuentan el cuento de la buena pipa en Altsasu. Una horda de cincuenta abertzales emboscan a las cinco de la madrugada a dos picoletos de buena voluntad, los atacan con la fiereza que se les supone y un teniente acaba lesionado en un tobillo. Y el otro, de rositas.

A otro perro con ese hueso.

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