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No es cuestión de creencias

La irrupción de la Ertzaintza en el recinto festivo de Bilbo para retirar la decoración de una txosna a instancias del Obispado, además de irresponsable, nos retrotrae a tiempos pretéritos, cuando la Iglesia Católica ejercía el mando supremo sobre el poder temporal.

Es irresponsable porque crea un problema donde no lo había. Y es, además, caduco, porque el respeto a las creencias y sentimientos ajenos es cuestión voluntaria y no se puede y/o debe imponer.

No se trata de juzgar el mejor o peor gusto de la decoración de la txosna de Hontzak. Ni siquiera de poner en cuestión el desagrado que pueda haber generado entre gentes de creencias católicas. Lo que está en juego es algo más importante: la libertad de expresión.

Y eso pasa porque se puedan escribir y decir cosas que a uno le desagraden hasta el asco. Y si no lo entiende así el juez, encienda sintonice Radio María y escuche con atención las cosas que dice el obispo vecino, el de Donostia, sobre la homosexualidad, por ejemplo.

No es, pues, cuestión de creencias sino de libertades.

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