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Obedecer... o no

El Tribunal Supremo español ha decidido que la noche es el día. O, por lo menos, que tiene la capacidad de decidirlo.

Ahora los magistrados de ese tribunal, funcionarios y no electos, han decidido que Quim Torra no es dipitado ni president de la Generalitat, aunque las catalanas y catalanes hayan votado en libertad y lo hayan elegido. Pero la prepotencia de tan alto tribunal español, creen, pasa por encima de la voluntad popular. O sea, de la misma democracia.

Torra es president, guste o no guste, porque le eligió la mayoría, como eligió a Puigdemont, a Junqueras y al resto de sus compañeros de infortunio. Al que no eligió nadie es a quien preside el tribunal del Palacio de las Salesas, ni al Borbón de ahora -que va a hacer bueno al zángano de antes- ni a su presentadora.

Catalunya eligió un camino y sobre su libertad cayó toda la represión de un Estado deslegitimado desde su propia cuna. Y hoy Torra representa el valor de la desobediencia civil frente a la imposición. Mientras el PNV calla como un difunto y se alinea, cariñoso, con un ilegítimo Guaidó en Venezuela.

Hay que obedecer... o no.

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