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Sánchez está donde quería

El presidente funcionario, Pedro Sánchez, había diseñado con mimo el escenario en que se desarrolla ahora mismo la política española. Con las derechas desconcertadas, Pablo Iglesias balbuceando como un boxeador que acaba de recibir un crochet contundente y su propio partido expectante ante la última jugada diseñada por Sánchez y su gurú Redondo.

En estos días de incertidumbre en Europa, a la espera del Brexit dichoso, en vísperas de una recesión económica anunciada, la inestabilidad en el Estado español añade un factor de inquietud entre los que de verdad mandan, aunque no gobiernen.

Sánchez juega ahora la ficha del miedo y confía en que la razón de estado prime sobre el reproche por su incapacidad. Vendrá noviembre, después de la sentencia del procés, y el interino actual buscará la complicidad a derecha e izquierda para consolidar su pedestal, que es donde se asienta la idea de la España una y no cincuenta y una.

Las naciones que aún no tenemos Estado contamos con una nueva posibilidad de hacer visible la diferencia y no la complicidad. Hay una oportunidad ante el fracaso español.

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