1 commentaire

Txantxiku´s way of life

Conozco bien Oñati, como conozco Arrasate, Antzuola o Aretxabaleta. Sin mérito alguno, no por viajero. A fin de cuentas soy de Bergara y allí, en nuestro valle, nos conocemos casi todas y todos.

Conozco a las gentes de Oñati, de diferentes condiciones e ideologías. Y a su excelente alcalde, Mikel Biain. Por no citar a una de las personas más entregadas y brillantes que he conocido en la política, Larraitz Ugarte. Pero también conozco a jelkides que parecen haber nacido antes de Sabino Arana. Alguno en la familia.

Y he querido comprobar si las graves palabras del candidato Olano sobre el deterioro de la urbanidad y aseo de Oñati tenían algún fundamento o base. Lo digo en tono casi de lamento: Ha mentido.

Oñati es uno de los pueblos más hermosos de Gipuzkoa. Coronado por ese Montserrat particular en las faldas de Urbia y Aizkorri, con Universidad propia y centenaria. Son gentes de bien, limpias, aseadas y educadas. Con sus cosas, claro, que para eso son txantxikus y txokolateros, pero no se merecen palabras cargadas de ofensa sólo por interes y nervios electorales.

Oñati está limpio porque así lo mantienen las vecinas y vecinos. Porque quieren y saben reciclar sus residuos, porque quieren a su pueblo. Y porque Mikel ha hecho un trabajo impagable para convencer a quienes habían sido intoxicados con las falacias contra el reciclaje en favor de la incineración, de la candela a lo que puede ser útil.

En la política no vale todo. No vale, por ejemplo, la mentira. Y a los oñatiarras los han querido ofender sólo por esos traicioneros nervios electorales. Merecen que les pidan disculpas. Porque de la limpieza de sus plazas y callles ya se engargan ellas y ellos. Es su particular forma de vivir. Txantxiku´s way of life, que dirían los anglófilos.

/