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Un panorama inquietante

La derecha, por definición, es adversa a la Cultura, así con mayúsculas. porque no hay eso que algunos dan en llamar "derecha civilizada". Los valores que defienden con uñas y dientes y si es preciso con pronunciamientos militares, son contrarios en su propia esencia a los valores de la libertad y la igualdad (lo de la fraternidad es opcional).

Los sometidos a la gobernanza española padecemos, también, el auge de una derecha que, además de extrema -y si fuera preciso violenta, en defensa de los intereses que les son propios- es inculta, ignorante y soberbia.

Las actuaciones públicas de Casado, Rivera y Abascal, las tres caras de un triángulo isósceles, abochornarían al más infeliz de los alumnos de bachillerato.

Ante el desajolo en Andalucía de un PSOE corrupto hasta la médula les ha reafirmado a los fascistoides en su fervor patriotero y servil al señoritismo. Y la tibieza del presidente español, Sánchez, preso de contradicciones en sus mismas filas y para con quienes permitieron su acceso -en régimen de alquiler- a La Moncloa. alienta a la derecha -en cuaquiera de sus expresiones- que ruge y amenaza cuando las cosas se mueven en Catalunya o Euskal Herria.

Porque, en el fondo, identifica el riesgo de que sus bravuconadas se queden en algua de borrajas ante el empuje de la voluntad popular mayoritaria. Tal vez por eso sea el tiempo de reactivar movimientos políticos, sociales, económicos y populares. Para que Sánchez reconozca lo esteril de su rigodón a dos patas y los de la caverna vuelvan a la oscuridad de un ignorancia.

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