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Ya está todo dicho

Concluye ya la enésima campaña electoral de este siglo, fecundo en elecciones y rácano en democracia participativa.

Los mensajes se han repetido hasta la saciedad y hasta los gestos y propuestas, cada vez más altisonantes, nacidas de la necesidad de impresionar a un electorado que los gurús de los partidos intuyen aburrido y hasta apático.

La última -y no la de menor calado- es que la Asamblea de Madrid, la de mayor importancia en el Estado español tras el Congreso de los Diputados, ha sido aprobar la ilegalización de todas las fuerzas políticas independentistas. Y no por lo que hagan, sino por lo que defiendan.

La iniciativa de Vox, secundada por PP y Ciudadanos podría parecer una simple fantochada, una más, de Abascal, secundado por los temerosos Rivera y Casado. Pero no.

La decisión de la Asamblea de Madrid es diáfana y muestra la verdadera naturaleza antidemocrática del Estado. Deja a la vista la esencia misma de España, la savia que fluye por sus entrañas.

Ya hemos visto a Franco a hombros otra vez, escuchamos ahora los discursos joseantonianos y ahora no vale alarmarse cuando alguien diga que los fascistas vuelven. No. Nunca se fueron ni dejaron de mandar.

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