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Mosul mon amour

Desde el año 2012 llevó intentando entrar en Mosul. Cuatro intentos que se han visto frustrados por diferentes motivos (falta de dinero, de tiempo, seguridad, etc.). Me pasa lo mismo con Tombuctú, que desde el año 2007 se me escapa.

Jenofonte viajó desde la antigua Grecia cuando todavía no había ni cristianismo ni islamismo («antes de los tiempos», como diría el historiador romano Plinio el Viejo). Quedó prendado de la belleza del Tigris y de la vida que emanaban sus aguas en las orillas «repletas de juncos y mosquitos». Asirios, babilonios, medos, escitas, esenios, y muchas otras más culturas han habitado la antigua Nínive hasta la llegada de los árabes, siempre en disputa con los kurdos por las aguas del río Tigris.

Este año 2017 he podido pisar sus calles. Sin embargo sólo la parte este se puede transitar ya que la parte Oeste todavía está en manos del Estado Islámico. Desde la terraza del abandonado y saqueado hotel Ninive se divisa la parte Oeste, la parte más antigua de la ciudad. En la foto aparece el comandante Suyyar y detrás la zona «negra» controlada por los extremistas. El comandante me asegura desde el tejado del hotel que en pocos meses podré poner los pies en la parte occidental de la ciudad, «Si Allah lo quiere».

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