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El aroma soviético de la independencia de Catalunya

Supongo que al estar especializado en el espacio post soviético, puedo encontrar en casi cualquier cosa algo que me recuerde a esa región. Sin embargo, en el caso de Catalunya se me hace evidente la similitud de su caso con el desfile de soberanismos vivido en los últimos años de la URSS.

No es por que el estado español sea similar al estado soviético, o por que sean casos calcados, no, ni mucho menos, simplemente por que son procesos, o intentos, de independencia de una parte de un estado.

Me he leído numerosos libros, estudios, análisis; he visto innumerables películas documentales, reportajes tanto de época como retrospectivos; he hablado durante horas con gente que vivió todo el proceso y todo lo que ocurre ahora mismo con el caso catalán me recuerda, salvando por supuesto muchas distancias, en varios puntos.

El primero, la constitución de la URSS sí tenía un punto según el cual todas las repúblicas que la formaban eran libres de abandonarla, cosa que no ocurre en la constitución española. Eso sí, hay que señalar que ninguna de las repúblicas abandonó la Unión Soviética de manera legal, es decir siguiendo la constitución soviética vigente en aquel momento. Por lo tanto, Catalunya intenta abandonar el estado español de una manera similar a como abandonaron la URSS los países bálticos por ejemplo.

El segundo, la cuestión del respeto a la constitución frente al derecho de autodeterminación y el debate que conlleva todo ello. El estado soviético desde luego era bastante más multicultural de lo que lo es el estado español. En diferentes épocas hubo representantes de las minorías georgianas (Stalin) o ucranianas (Jruschev) al frente del estado. No era el estado ruso, era soviético, lo cual lo diferencia desde luego del estado puramente español, pero al estar en un mismo estado varios pueblos bien diferenciados es un contexto ciertamente similar en cuanto a la cuestión de la autodeterminación. Por lo tanto, es un estado multicultural que afronta el debate de la autodeterminación.

El tercero, en la URSS sí se hizo un referéndum para la conservación o no de la URSS en marzo de 1991. Salió un SÍ rotundo (80%). Aunque hay que señalar que varias repúblicas (Armenia, Estonia, Georgia, Letonia, Lituania y Moldavia) no celebraron el referéndum en sus territorios de manera centralizada. Después se hicieron otros referéndums en los que los porcentajes variaron, pero esos ya se hicieron fuera de la legalidad del estado central soviético. Por lo tanto, a pesar de la diferencia, vemos que el proceso tiene un recorrido similar en eso, en la URSS se hizo un referéndum (aunque el cual se ignoró después), en Catalunya se pidió, pero ha sido rechazado desde Madrid.

El cuarto punto, posiblemente el más peliagudo es la cuestión del uso de la fuerza para defender la unidad del estado según la constitución. En la URSS se utilizó la fuerza en esa época, pero su fin era restablecer el orden social y para los enfrentamientos étnicos, no aplastar a los que pedían la autodeterminación de sus repúblicas. ¿Irá Madrid en esta cuestión más lejos de lo que fue Moscú en su momento? Por lo tanto, el debate del uso de la fuerza como último mecanismo de estado está sobre la mesa de Rajoy, como lo estuvo sobre la de Gorbachev antes.

El quinto punto es el debate interno, tanto catalán, como español, sobre cual es el mejor futuro. Las razones políticas, económicas y sociales. Las dos partes mediante su postura bastante intransigente en cuanto a sus razonamientos no han participado en este debate de la manera conveniente. Se han centrado los dos en la constitución no se toca – la autodeterminación no se discute. Algo muy parecido a lo que ocurrió en la URSS de finales de los ochenta, principios de los noventa. Por lo tanto, las inquietudes y deseos de entonces y ahora se repiten, vagas proclamaciones sin un futuro claramente definido, o abierto si lo vemos desde otra perspectiva.

El sexto punto, y es una coincidencia bastante alta, es que ambos procesos, el ocurrido en la URSS, y el que se desarrolla en Catalunya se origina en una época de crisis económica aguda.

Todo ello no quiere decir que lo ocurrido en el estado soviético vaya a repetirse ahora, pero es un ejemplo de que cosas así suceden, el mundo no se acaba y la vida sigue después de la separación.

Y para acabar, la URSS y el estado español actual son dos casos diferentes, aunque con similitudes eso sí, al igual que lo son las autodeterminaciones de las repúblicas que formaban el estado soviético y la autodeterminación de algunos territorios del estado español. Sin embargo, hace gracia ver como “expertos varios” afirman que algunas afirmaciones que eran y siguen siendo validas para la desintegración de la URSS no lo son para nada en el caso español. O dándole la vuelta, como algunas defensas a ultranza de la unidad de España bien podrían haber sido los argumentos exactos para la conservación de la URSS.

Entonces, ¿por qué la desintegración de la URSS y la autodeterminación de las repúblicas sí valía, y la de Catalunya, no? Los argumentos son terriblemente similares a pesar de la enorme distancia que separa los casos, o es que en el fondo no son tan diferentes y el aroma soviético asoma con razón. ¿Será a la fin Madrid más autoritario en el tema nacional de lo que lo fue Moscú, la capital de imperio del mal como llamó a la URSS el presidente norteamericano Reagan?

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