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Brevemente, de textos y contextos

Cada vez agradezco más los artículos periodísticos que aclaran el trasfondo de lo que se nos oculta, porque también en esto sufrimos los dolores de la brevedad extrema. Aquella frase de lo breve, si bueno, dos veces bueno, es tan irreal como algunas fantásticas autopresentaciones en los perfiles sociales. Y si fuera cierta, sería tan solo porque lo malo, si breve, también es mejor. De hecho, los informativos de televisión son hoy la mejor forma de no enterarse absolutamente de nada. Un destello, un fragmento, una imagen de un suceso carente de contexto ni marco en qué apoyarse,  sin lugar a la reflexión ni la explicación. Da igual el tema del que se trate. Vale para la guerra en Siria, el último descubrimiento científico, las protestas ciudadanas ante sus gobiernos o la defenestración de Dilma Rousseff.

Las ondas radiofónicas tampoco escapan a este fenómeno. Brevedad es lo que impera. Sin contexto ni explicación, la información pierde valor y quien se crea al cabo de la calle por seguir la actualidad en 140 caracteres tiene un problema de irrealidad.

De las cinco w del periodismo –sacrosanto concepto en cualquier redacción hace años– una de ellas, el porqué (why) se ha deslizado por la pendiente hasta caer en el agujero negro. Un lugar tan oscuro como la trastienda de los papeles de Panamá, los paraísos fiscales y las responsabilidades de gobiernos e instituciones en darles cobijo y protección. Vuelvo al inicio y, brevemente, dejo una recomendación de un artículo con texto y contexto. Y, además, sin ser corto, tampoco es largo. Flujos de dinero negro

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