1 commentaire

Crianza, mujeres y diputadas

Entro al capote que Carolina Bescansa ha paseado por el Congreso de Diputados español en forma de bebé, porque la conciliación laboral y la maternidad son importantes y porque está claro que es un tema no resuelto. Hoy por hoy, tener hijos es meterte en un carril de montaña rusa con vertiginososos cruces que dan paso a guarderías carísimas, ocasionales échame una mano, colaboración sistemática de amistades y jornadas postjubilares de abuelas y abuelos.
Si, como se ha dicho, el gesto de la diputada de Podemos ha sido para evidenciar la necesidad de que las instituciones tomen cartas en el asunto, perfecto. En lo de llevar el retoño al trabajo, pues no tanto, porque ni en todos los trabajos es posible, ni en todos es deseable y ni todas las madres o padres lo querrían así.

Quien quiera y pueda, que lo haga. Libre albedrío para esto y para criar a tu descendencia en la nueva moda de la "crianza con apego", como hace Bescansa. Es su opción personal seguir las recomendaciones de esa cultura de la maternidad total, que propugna la lactancia prolongada y el contacto materno durante el mayor tiempo posible.  

En su momento, no fue la mía. Tampoco lo sería ahora. Mi idea de la conciliación para la mujer pasa por disponer de guarderías gratuitas, cuidado compartido de la pareja, igualdad de derechos y deberes y, desde luego, tener la certeza de que traer hijos a este mundo no supone, como ocurría en generaciones anteriores, la constante renuncia y el agotador sacrificio para la mujer.

No me gustan los catecismos. Ni aquellos antiguos que dictaban las virtudes que debía guardar la buena madre ni los modernos de ahora, que identificarían como mala a quien críe a base de biberón o admita que, a veces, ir a trabajar (sin niño a cuestas) supone incluso un descanso mental en medio de la vorágine. En ocasiones parece que de la aparente transgresión volvemos al punto de partida.

/