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El glamour de la guayabera

Entre sombreros panamá, boinas icónicas de la Revolución, guayaberas y trajes de chaqueta en vivos colores, el modisto Karl Lagerfeld ha puesto al Occidente capitalista mirando hacia Cuba. En la prensa generalista jamás se ha hablado más en los días previos de un desfile de Chanel como se ha hecho en torno a la pasarela del Paseo del Prado en La Habana.

Doy por buena la evidente paradoja que encierra que la marca representante del lujo del capitalismo desfile en la avenida más central del comunismo. También encuentro fundado el temor de quienes indirectamente ponen sobre la mesa lo que el Che Guevara vaticinara en su discurso de Argel, allá por 1964: no se puede construir el socialismo con las armas melladas del capitalismo.

Pero, por lo que sé, el desfile de Chanel ha suscitado más conmoción en la mirada occidental que entre la propia sociedad cubana. De hecho, me ha divertido enormemente observar las prevenciones y contradicciones de periodistas europeos que, en sus crónicas, criticaban que la ciudadanía cubana no pudiera presenciar en directo el desfile, como si la presentación de las colecciones de Chanel fuera un acto abierto al público en cualquier lugar del mundo… menos en La Habana, donde nadie en la isla podría comprar un vestido de 10.000 dólares. Tampoco yo. Y me atrevería a asegurar que ninguno de los periodistas –y han sido muchos– que lo han escrito.
En contra de los rumores aireados en la prensa del exterior, ni los organizadores ni las autoridades impidieron que los habaneros se apostaran en terrazas y balcones para ver el espectáculo.

Hay quien dice que a Cuba le hace falta un poco de Chanel. De momento, es Chanel quien quiere sacar rédito del glamour revolucionario de La Habana. Y a los habitantes de la isla lo que les hace falta es que termine el bloqueo económico que todavía se impone.

Por lo demás, imagino que ya corren por las calles habaneras unos cuantos buenos chistes que, con fina ironía, retratan como nadie la paradójica realidad. Mucho mejor y más agudamente que cualquier crónica periodística hecha desde la mirada de occidente.

Me viene al vuelo un delicioso corto del director y actual profesor de la Escuela de Cine de San Antonio de Los Baños, Enrique Colina, que ganó reconocimientos y premios dentro y fuera de Cuba. Aquí se llevó el Mikeldi de Oro en 1984. Se titula "Estética", y aborda con humor sutil la belleza como necesidad reafirmativa de la condición humana. La sensibilidad estética en las manifestaciones del entorno vital. Y con la mirada cubana.

Once minutos sin desperdicio. Mejor que cualquier desfile de Chanel.

Ahí lo dejo.

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