Itziarren Semeak Argentina-Chile Tour
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Secreto perfecto

En los cerros de San Antonio, un pueblo costero situado en Valparaíso, se estrenó el festival Sudaska en Chile. Varias bandas locales actuaron junto a los Espías, La Rikardo e Itziarren Semeak. El viaje en autobús fue surrealista, cánticos de barras bravas a la ida y cumbia y canciones populares a la vuelta.

Manex Altuna|Santiago de Chile|15/11/2014
Secretoperfecto
Centro cultural Secreto Perfecto, en Chile.

Salimos de Buenos Aires a primera hora de la mañana del viernes. Nos habían avisado de los atascos y conseguimos llegar con tiempo de sobra al aeropuerto. Para las 14.00 estábamos en Santiago de Chile junto con los uruguayos de La Rikardo. Tocó esperar hasta casi las 19.00 para llegar a la Fiskalía, banda y productora que se encargaba de la organización.

En el local esperaban los de Espías, que habían cruzado la cordillera de los Andes en autobús desde Mendoza. Las horas de viaje y el sueño comenzaban a pesar y todavía faltaban otras dos horas hasta Valparaíso.

El viaje de ida en autobús fue una locura y tremenda fiesta. Los Espías, la Rikardo e Itziarren Semeak juntos con cientos de cervezas y empezaron los cánticos. Al más puro estilo de barras bravas, la parte de atrás arremetía contra los de delante y así sin callar. El silencio llegaba cuando tocaba pasar por un peaje o algún control policial.

Cuando llegamos a San Antonio era de noche y apenas se distinguía que estábamos en los cerros. Un garito underground llamado Secreto Perfecto y nos encontramos con la sorpresa de ver un cartel de Berri Txarrak, que había pasado por el lugar hace unos años.

Los conciertos arrancaron a medianoche con La Rikardo. Hacía frío y no había demasiada gente. El local comenzó a tomar un mejor aspecto cuando llegó el turno de Espías. A Itziarren Semeak le tocó cerrar el festival sobre las 3.30 de la mañana. El público se creció en las primeras canciones, pero la locura total llegó cuando les invitamos a cantar como despedida ‘Mierda de ciudad’ de Kortatu.

Ya casi muertos, emprendimos el regreso a la capital chilena. Había una guitarra acústica y a los argentinos les dio por entonar canciones meláncolicas. Lo más surrealista llegó cuando el organizador dijo que era el momento de rezar al mar y se bajaron todos para cantar unas canciones en la playa.