08/03/2015

Color oro
IñIGO GARCíA ODIAGA
42_comunidad_horizontala

El oro, y sobre todo su color dorado, es un símbolo que alcanza a todas las culturas del planeta y que acompaña al ser humano prácticamente desde la prehistoria. Con tan marcada simbología, que habla del lujo, la elegancia, lo celestial e incluso del dinero y el poder, la arquitectura contemporánea no podía renunciar a su capacidad comunicativa.

Azulejos dorados cubren las paredes y la cubierta de la ampliación de una escuela en Londres, desarrollada por el estudio de arquitectura Hayhurst & Co. El nuevo edificio se presenta como un lingote cuya geometría se adapta y extiende el hastial de un edificio victoriano adyacente, sede principal de la escuela existente.

La remodelación y ampliación llevada a cabo por Hayhurst & Co ofrece espacio para 210 alumnos, que completarán el colegio infantil. La antigua escuela se construyó a lo largo del tiempo, incorporando poco a poco varios edificios de estilo victoriano, hasta formar un conglomerado de estructuras al que se le habían añadido algunas de factura más reciente y menos interesante. El conjunto necesitaba ser renovado para unificarlo y dotarlo de una identidad propia, además de racionalizar y hacer un mejor uso del espacio disponible.

Siete nuevas aulas y seis remodeladas, un salón de actos ampliado y un nuevo centro de administración se alojan dentro de las distintas intervenciones, que también tenían como objetivo mejorar las áreas de juego al aire libre disponibles. A pesar de las nuevas instalaciones y la ampliación de las viejas, lo que al fin y al cabo requería de más metros cuadrado edificados, el proyecto consiguió aumentar la cantidad de espacio de juego exterior para los niños.

Para dar a la fachada principal orientada a la calle una dimensión pública que dotase a la escuela de una presencia llamativa en el paisaje urbano, los arquitectos optaron por un revestimiento a base de baldosas metálicas brillantes llamadas Tecu-Gold, formadas por una aleación de cobre y aluminio, y que aportan a la envolvente una tonalidad dorada y brillante.

La utilización del color oro pretende crear un impacto visible en el conjunto urbano y ofrecer un guiño a la orgullosa herencia de edificios civiles presentes en el área que rodea la antigua escuela.

La altura y la inclinación de las nuevas cubiertas cambia constantemente para reflejar las diferentes actividades y edades alojadas dentro de los edificios. Las superficies angulares de las cubiertas también hacen referencia a los perfiles de las estructuras originales y crean una sensación de continuidad entre lo viejo y lo nuevo. En cierto modo, la cubierta está diseñada para reunificar un lugar fragmentado, con una serie de intervenciones y ampliaciones que, gracias a este elemento, entran en resonancia formando un nuevo conjunto.

La sección remodelada que construye la fachada a la calle cuenta con una cubierta ondulada que se adapta a los edificios victorianos existentes en cada extremo. El pabellón central se convierte en el hall de acceso al nuevo centro escolar y su envolvente dorada continua convierte la fachada en cubierta y la cubierta en fachada, construyendo una pieza maciza dominada por la expresividad del color oro.

En la misma línea, el estudio de arquitectura francés CUT ha renovado un centro comunitario de 1960 ubicado en un suburbio de París, añadiendo un revestimiento perforado de oro que hace referencia a las fachadas pintadas de amarillo del edificio original. Esta nueva envolvente engalana las fachadas y, en cierto modo, las eleva a la categoría de lujo, planteando la paradoja de llevar el boato a un centro social de la periferia marginal de la capital francesa.

La nueva piel de paneles dorados perforados, fabricados con aluminio anodizado, se ha instalado sobre los muros existentes, rehabilitando así unas fachadas que mantenían un altísimo grado de deterioro.

La identidad del edificio no se veía recompensada por la negligencia con la que fue construido en la década de 1960 y a pesar de la cual, el inmueble se había convertido en un hito para el barrio. La fachada de oro busca reforzar esa identidad, tornando la pobreza de la construcción original en un objeto de joyería contemporánea.

Además, los paneles anodizados se extienden un par de metros más que el techo original para ocultar las maquinarias técnicas que cualquier edificio actual requiere. Esta mera extrusión del volumen otorga al edificio reformado una presencia mejorada que hace de su esbeltez un símbolo de distinción.

Estos dos edificios públicos ejemplifican bien la fijación de la arquitectura contemporánea por ofrecer mecanismos que dignifiquen los edificios y que, mediante este logro, otorguen mayor dignidad e identidad colectiva a sus usuarios, aunque para ello haya que recurrir al color del oro.