14/06/2018

Chronique
ARRANCA EL MUNDIAL
Indiferente para los rusos y oportunidad de hacer negocio

Es difícil recordar un mundial tan poco llamativo para la población local como Rusia 2018. Ello se debe a la ruinosa selección propia, las limitaciones que se imponen por las medidas de seguridad y el cansancio general de ser el foco de atención mundial.

Pablo GONZÁLEZ (Moscú)
0614_kir_moscu

Cuando Rusia fue elegida sede del Mundial de 2018 allá por el año 2010 corría una época muy diferente a la actual, tanto en el panorama internacional, como en el interno ruso. El país iba a ser centro del mundo deportivo, con los Juegos de Invierno de 2014 en Sochi y el Mundial 2018. Ambos eventos eran los primeros de esa clase organizados en Rusia e iban a ser unas excelentes oportunidades para mostrar el renacimiento del país tras años difíciles tras la caída de la URSS. Todo ello bajo la dirección de Vladimir Putin.

Sin embargo, la situación ha cambiado en gran medida desde ese 2010. Rusia se encuentra bajo sanciones internacionales, las protestas contra la clase dirigente han entrado en escena, y la propia selección de fútbol está en su peor momento histórico. No ha ganado en los últimos 7 partidos antes del Mundial y ocupa la peor posición histórica, siendo 70º de la clasificación de la FIFA. Todos estos motivos hacen que el Mundial vaya a tener poco tirón entre la población local, y seguramente no se vivía una situación similar desde EE.UU. 1994.

El motivo principal puede ser la propia selección rusa de fútbol. A los rusos les gusta ganar, por herencia soviética, donde las victorias deportivas eran cuestión de Estado, se espera de las selecciones nacionales algo más que participar. Desde 2008, cuando Rusia llegó a semifinales de la Eurocopa, la selección rusa obtiene unos pobres resultados, y ello se nota entre una población no tan futbolística como en otros países.

Manda el hockey hielo

En la actualidad el hockey sobre hielo podría ser considerado el deporte rey en Rusia. Han vuelto a ser campeones olímpicos este año, tienen a algunas de las mayores estrellas mundiales de este deporte, como Aleksander Ovechkin, el reciente campeón de la NHL, la liga norteamericana de hockey sobre hielo.

Además, el hockey le pega un buen baño al fútbol en espectadores. En la temporada 2017/2018 de las ligas rusas, el hockey ha tenido 5,3 millones de espectadores, mientras que el fútbol 3,3. Claro que los equipos de hockey juegan más del doble de partidos, pero aun así los más de seis mil espectadores de media de hockey representan unos aforos casi llenos en los palacios de deportes de hielo, mientras que los trece mil de media de los partidos de fútbol son campos semi-vacíos en muchos encuentros.

Otros puntos que no le han hecho gracia al ciudadano de a pie son los gastos y limitaciones que conlleva ser sede del Mundial. El deporte ruso sigue dependiendo de las subvenciones estatales en la mayoría de casos. Por ello la mayoría de estadios construidos se han pagado con dinero público y no queda claro quién va a jugar en ellos luego. Cinco de las sedes, Saransk, Volgogrado, Nizhniy Novgorod, Sochi y Kaliningrado, no cuentan con equipos de Primera División en la actualidad. Se da la situación que se ha invertido en unas infraestructuras con un futuro muy incierto.

Además, los ciudadanos de las ciudades sedes vivirán serias dificultades originadas por las medidas de seguridad. Así, en varias ciudades los desplazamientos en automóvil privado en zonas cercanas a los estadios estarán prohibidas, las autoridades podrán confiscar drones sin necesitar siquiera dar explicación. Los vuelos internos se han disparado en precios en varias rutas internas del país, haciendo que en época estival, y vacacional por excelencia, muchos rusos no puedan desplazarse debido a los altos costes.

Los propios desplazamientos se verán dificultados por mayores controles policiales como ya ocurrió durante los Juegos de 1980 en Moscú. Entonces, y ahora, las ciudades se verán convertidas en cierta manera en búnqueres, entrar en los cuales será bastante más difícil de lo normal si no se puede justificar de manera clara el motivo del desplazamiento. Todo por la seguridad y para evitar atentados.

Precios al alza

No pocos aprovechan además para intentar hacer caja ante la llegada masiva de turistas. Como curiosidad muchos de ellos de EE.UU. o China, ambos países no clasificados para el campeonato, pero aun así en marzo los norteamericanos iban en primera posición por número de billetes comprados, y los chinos octavos. Hay bastantes anuncios privados de alquiler de apartamentos a precios que en algunos casos multiplican por diez el precio normal. Las autoridades ya han amenazado con serias sanciones a los hoteles y compañías de transporte, aviones y trenes, si estas suben los precios de manera exagerada.

La situación general se puede resumir con un “ya que nos hemos metido, hay que hacerlo, pero que acabe cuanto antes y sin problemas”. Otra de las salidas es el humor. Incluso desde la televisión estatal no dudan en hacer bromas sobre la selección rusa y el dolor que supone verla jugar. Deseando que no haga un gran ridículo y que el campeonato pase lo antes posible.