12/09/2018

Raimundo Fitero
Él

Hablemos de Él, el eterno, probablemente nuestro padre. En medio de masters, Diadas, bombas y chocolate del loro, todas las cadenas que uno repasa por obligación han hablado de un concierto que dio Julio Iglesias en Uzbekistán. Y hemos visto imágenes en el que se ve de manera clara que tiene problemas de movilidad. Y de paternidad. Porque se aprovecha la ocasión para sacar a relucir un nuevo caso en los juzgados de un supuesto hijo de este hombre de setenta y cinco años que ha mantenido por encima de todas las medias la demografía mundial pues está implicado en récords irrepetibles de tasa de natalidad. Las hipótesis de esta gira asiática son de una gran insensatez.  Alivia contemplar estos minutos de banalidad dedicados a algo banal, porque cuando vemos las altas dosis de banalidad que se emplea sobre las cosas serias, entramos en frecuencia modulada con otros resortes de nuestra sociabilidad resentida. Conmemoraciones de días históricos que todavía nos afectan, por sus consecuencias geopolíticas y por lo que influyeron en cada uno de nosotros. Las torres gemelas neoyorkinas, el asesinato de Salvador Allende en Chile a manos del dictador Augusto Pinochet, entre otros. Y de repente un objeto extraño atraviesa los lazos. Josep Borrell, ahora ministro de exteriores de Sánchez, dice en la BBC (nada menos) que él (se resalta su opinión personal) preferiría que los presos políticos estuvieran en libertad condicional. ¿Un paso, una manera de distraer o un arrepentimiento por su fuerte alineamiento con los ultras españolistas? Un tema. Un buen tema. 

Las noches de labor han vuelto a traernos espacios donde reposar nuestra saturación monotemática. Han vuelto con energía Buenafuente y Broncano. Wyoming ya tiene otra querella de los Franco. Todo en su orden adecuado. Y Él.