Patxi IRURZUN
IRUÑEA
Entrevue
PEDRO UGARTE
ESCRITOR

«El diario es la forma de escritura más libre que se puede concebir»

En su nuevo libro «Lecturas pendientes» (Ediciones Nobel), el escritor bilbaino aborda el género del diario, con una obra en la que usando como hilo conductor la literatura y sus entresijos, va trenzando anotaciones sobre la muerte, el paso del tiempo, la religión o su propia vida cotidiana.

Con su anterior obra, “Nuestra historia”, Ugarte ganó el Premio Setenil, probablemente el galardón más importante concedido a un libro de cuentos publicados en el Estado. El libro “Lecturas pendientes” podría ser la cara B, en la que se nos muestran las bambalinas menos glamurosas del mundillo literario: presentaciones desangeladas, presiones a jurados literarios, egos y falsas modestias desmedidos... y que, sin embargo, son extrapolables a cualquier otro colectivo y elevan, por ello, las anotaciones de este libro hasta una reflexión sobre la vida, sus alegrías y amarguras, todo ello a través de la lectura adictiva que destilan los buenos diarios.

En «Lecturas pendientes» las entradas no aparecen fechadas, pero vemos que es un diario escrito a lo largo de muchos años y diferentes etapas de su vida. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

Recuerdo que la primera entrada la escribí en 1999, como una breve reflexión sobre el acto de escribir, y que se publicó en un fanzine literario. La idea del libro surgiría algunos años después. Las anotaciones del diario no están fechadas, pero sí dispuestas en orden cronológico. De vez en cuando aludo a mi edad o hay sucesos históricos o políticos que pueden situar el momento de su escritura. En ese sentido, “Lecturas pendientes” sí es un diario, aunque de elaboración más lenta que lo habitual.

Es un diario muy centrado en la literatura y sus entresijos pero a través de él también podemos asomarnos a otros aspectos de su vida, algunos más cotidianos, como su condición de roncador, y otros más universales, relacionados con el paso del tiempo, la vejez, la muerte… ¿Era lo que pretendía?

¿Mi condición de roncador? Je je… No, desde luego, no es un objetivo del libro, como el lector podrá comprobar, “dignificar” a su autor, aunque hay otras personas peor tratadas (y mejor tratadas) en el texto. Y tienes razón en que al principio lo concebí como un diario referido solo a hechos literarios: las pequeñas aventuras de un autor a la hora de leer, escribir y publicar. Pero era inevitable que, a medida que el libro iba tomando forma, asomaran también otras cuestiones: la familia, los amigos, la política, el paso del tiempo, el envejecimiento, incluso la moral o la religión. En ese sentido, la literatura sigue siendo la guía principal del libro, pero la acompaña la vida, con sus alegrías y amarguras.

¿Cree que puede disfrutar la lectura de este libro de igual manera alguien ajeno al mundillo literario?

Yo también me la he hecho muchas veces: ¿a quién va dirigido realmente este libro? Desde luego, no es un libro para escritores: creo que puede interesar a todas las personas a las que les gusta o les interesa la literatura. Y esa afición a la lectura es necesaria para acercarse a un libro como este porque, la verdad, tampoco me parece que una persona sin interés por la literatura pueda acercarse nunca a un libro así…

El mundillo literario, por cierto, no aparece muy bien parado. ¿Tan raros son los escritores?

¡No! Los escritores son tan “raros”, en el mejor y en el peor sentido de la palabra, como las personas de cualquier otro colectivo. Entre los escritores hay complicidades, venganzas, gestos de generosidad y de cicatería, odios, amores, alianzas, sabotajes… como entre abogados, banqueros o políticos. Pero quizás sí hay una diferencia: en la literatura, a pesar de que la egolatría sea la misma que en cualquier otro ámbito profesional, el dinero, el poder o la fama que en ella se juegan son mucho menores; en la mayoría de los casos, dinero y fama insignificantes, del poder ya ni hablamos.

En un momento dice que frente a la ficción, que debe ser siempre verosímil, la realidad puede resultar a menudo inverosímil. En un libro como este, ¿cómo se ha sentido, más libre o relajado que escribiendo relatos o novelas, o más sometido a esa realidad tan caprichosa?

La comodidad de la escritura de un diario reside en que no tienes ninguna obligación con él: escribes lo que quieres y cuando quieres, sin la disciplina que exige una novela, un relato e incluso un poema. El diario refleja la vida personal y puede permitirse ser un mal guion cinematográfico o una mala novela. Por ejemplo, en una buena novela no pueden aparecer tres cánceres sucesivos en tres personajes (sería una historia malísima) pero en la vida eso ocurre constantemente. La vida es una mala novela: de puro cruel, nadie se atrevería a escribirla.

El género del diario, en ese sentido, ¿puede ser una especie de cuaderno de pruebas, un lugar en el que «descansar» de otros géneros? ¿Es así en su caso?

Puede que tenga algo de eso. Otros géneros son exigentes, siquiera sea por la formalidad que imponen al autor desde el principio. Pero el diario es la forma de escritura más libre que se puede concebir. Otra cosa es que en él haya que embridar los excesos: escribir solo lo necesario, no pasarse, no relajarse, no ser condescendiente con la primera ocurrencia que a uno se le viene a la cabeza… El riesgo del diario es acabar convertido en un almacén de páginas absolutamente intrascendentes. Ese es el peligro real.

Su anterior obra recibió, y muy merecidamente, el Premio Setenil, es un reconocido cuentista y en «Lecturas pendientes» también hay alguna reflexión interesante sobre el género… ¿Vamos a poder disfrutar pronto de nuevos relatos de Pedro Ugarte?

Para mí escribir cuentos es como respirar: forma parte de mi vida. No escribo más de tres o cuatro cuentos al año (a veces menos) pero siempre tengo alguno o a medio escribir en mi mesa de trabajo o tomando forma en la cabeza. Cuando camino solo por la calle voy dándole vueltas e imaginando cómo debe terminar. De modo que tarde o temprano algún libro de cuentos surgirá…