07/12/2018

Una reacción insuficiente

Un penoso primer tiempo sentenció a los azulgranas, a los que les faltó acierto tras el descanso para premiar su mejoría.

Amaia U. LASAGABASTER
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EIBAR 2

SPORTING DE GIJÓN 2

 

El Eibar se despide de la Copa a la primera. Está bastante más cerca de ser un hábito que una novedad en el pobre historial de los azulgranas en el torneo pero, aún así, esta última eliminación estuvo a punto de convertirse en un pequeño hito por la lamentable actuación del equipo, que si ya hizo aguas en El Molinón –el peor partido de la temporada, en palabras de José Luis Mendilibar–, tocó fondo ayer en el partido de vuelta. La reacción en la segunda parte no pudo evitar la eliminación, a duras penas la derrota, y al menos sí mitigó el ridículo en el que cayó por momentos en el primer tiempo.

Lo peor no fue el juego, bastante pobre hasta el descanso, sino la falta de carácter que transmitió el Eibar. Precisamente en un partido en el que se esperaba por partida doble. En lo colectivo porque el marcador de ida exigía un encuentro de muchas revoluciones desde su arranque, como el propio Mendilibar había reclamado la víspera. Y en lo individual porque muchos de los jugadores que partieron en el once inicial, con pocos o casi ningún minuto en Liga, se encontraban ante su gran oportunidad para, si no revertir su situación, sí al menos mejorarla. Respondieron algunos, aunque fuera con más ganas que acierto, pero no todos. La consecuencia fue doble: un mal primer tiempo en el que el Sporting sentenció la eliminatoria con otros dos goles, y la sensanción de que al menos dos futbolistas, Pere Milla y Pablo Hervías, lo tendrán muy complicado para volver a vestirse de corto.

No fueron los únicos responsables, desde luego, de que el partido se fuera al descanso con 0-2, pero sí los que se quedaron en el banquillo en la segunda parte. Cote entró por Pere Milla, posibilitando que Cucurella, que ya había sido de los mejores en el primer tiempo, adelantara su posición, y De Blasis sustituyó a Hervías. Los cambios y la terapia de grupo del descanso se dejaron notar.

Precisamente cuando más comprensible habría parecido que el equipo bajara los brazos, con el billete a octavos de final bien guardado en la cartera rojiblanca, se vio a un Eibar más reconocible. Apretó más, llegó mejor por bandas, pisó el área, mordió... Y el premio fue inmediato porque apenas necesitó siete minutos para recortar distancias. Filtró el balón Arbilla para que Cucurella confirmara su momento dulce con el 1-2.

La eliminatoria seguía imposible pero los armeros se habían marcado un nuevo objetivo, ganar el partido y despedirse del torneo con dignidad, que consiguieron a medias.

Sin apenas respuesta de un Sporting que no necesitaba más que dejar pasar el tiempo –un cometido en el que llegaron a excederse, teniendo en cuenta el marcador, para enfado de la grada–, el Eibar no dejó de buscar la portería de Dani Martín. Le faltó acierto e incluso fortuna en algunas acciones, así que tuvo que conformarse, con solo tres minutos de margen, con evitar la derrota gracias a un gol de Charles.