12/06/2019

Reportage
 
LA DRAMÁTICA INVOLUCIÓN DE LA LIBERTAD DE PRENSA EN SERBIA

Amenazas físicas, concentración mediática, financiación pública selectiva, impuestos elevados para los medios independientes... Los medios de comunicación sufren la presión del presidente serbio, Aleksandar Vucic, quien se afana por controlar el mensaje que llega a la sociedad.

M. FERNÁNDEZ IBÁÑEZ
0617_mun_serbia

En marzo, el movimiento «1de5millones» entró por la fuerza en la sede del canal público de televisión RTS para reclamar una cobertura informativa que incluya a las voces contrarias a Aleksandar Vucic, quien fue ministro de Información durante el periodo de Slobodan Milosevic y que ahora ejerce un férreo control sobre los medios de comunicación. RTS, al igual que sus filiales autonómicas, es la punta de lanza de un control sobre la opinión pública que cuenta con otras herramientas, según Reporteros Sin Fronteras (RSF): amenazas físicas, concentración mediática, financiación pública selectiva... Una realidad que se traduce en el rápido descenso en el índice elaborado por RSF: Serbia ocupa el puesto 90, cuando en 2018 se situaba en el 76 y en 2016, en el 66. «En los cinco años del presidente Vucic al frente del país, Serbia se ha convertido en un lugar en el que practicar periodismo es inseguro. Los ataques a los medios están en alza, incluidas las amenazas de muerte, y la retórica inflamable gubernamental está poniendo en el punto de mira a los periodistas», resume el informe de RSF.

Maja Pavlovic, de 50 años, dueña de Channel 9, un medio de la provincia autónoma de Vojvodina, se siente impotente ante la desmesurada presión del Gobierno, por lo que durante 23 días protagonizó una huelga de hambre. Su voz, apagada en el décimo octavo día ingiriendo suero y vitaminas, se ha convertido en una de las referencias del movimiento «1de5millones», que protesta desde el pasado diciembre para pedir elecciones libres y libertad de prensa. Sentada en un sillón de una terraza en la vía Terazije de Belgrado y fumando un cigarrillo durante la conversación, alerta de «presiones económicas y políticas que impiden trabajar». «El Gobierno amenaza con cerrar nuestra televisión, que siempre estuvo abierta para todos los partidos, para los que dirigen el país y para la oposición», añade.

Las presiones del Gobierno del SNS son mayormente económicas, aunque secundadas por una justicia connivente. «Llevo cinco años esperando un veredicto, pero no llega», apunta Pavlovic. Su causa legal estriba en las denuncia de las altas tasas impuestas por el Gobierno para obtener la licencia de emisión. «Son desmesuradas e ilegales. Pero no solo es mi televisión, la mayor parte de las estaciones locales sufren la presión de las altas tasas: 125 medios digitales han cerrado porque no podían pagarlas», subraya, coincidiendo con RSF, que destaca que «mientras las cuentas de los medios críticos pueden ser bloqueadas por no pagar las tasas, otros medios son intocables aunque tengan deudas de millones de euros».

En Serbia, la situación de los medios de comunicación comenzó a deteriorarse con Boris Tadic, aunque el grado de degeneración actual ha superado los peores augurios. Empresarios afines al SNS se han hecho con buena parte de los medios privatizados desde 2015, y la concentración mediática es un problema: cuatro empresarios controlan los canales de televisión que ven el 62% de los serbios, una cifra similar a la de la prensa escrita y superior a la de la radio, donde otros cuatro empresarios dibujan el mensaje que llega al 50% de la audiencia. En las frecuencias públicas, el caso de RTS, que con sus filiales suma el 23% de la audiencia televisiva, se une al de las emisoras públicas de radio y televisión de RTV, que cuenta con 1.200 empleados y opera en la región de Vojvodina. Desde 2016, cuando llegó una nueva administración cercana al SNS, más de un centenar de periodistas han perdido su trabajo y programas de gran aceptación popular han sido cancelados.

RSF desgrana que los fondos públicos son distribuidos a medios afines al Gobierno: «Durante años, el Estado y las empresas públicas han sido los mayores anunciantes en el país». Esta dinámica se pudo apreciar en la campaña electoral de las presidenciales de 2017: Vucic recibió una cobertura diez veces superior que todos los candidatos opositores juntos. La presión está llevando a la autocensura o a que los medios hagan directamente propaganda del SNS.

Demandas

Maja Pavlovic ya estuvo en huelga de hambre el año pasado porque cerraron la señal de su canal. «No tenía otra idea en mente para forzar al Gobierno. Y ganamos, porque nos devolvieron el permiso para emitir. Nos prometieron que los casos judiciales abiertos tendrían un veredicto, pero eso no lo cumplieron», explica. Esa victoria se demuestra hoy insuficiente.

«Esta vez llegaron a bloquear mi cuenta corriente», dice Pavlovic, que tiene nueve demandas que exige cumplir al Gobierno para no repetir su huelga de hambre, que finalizó el pasado 7 de mayo después de reunirse con la primera ministra, Ana Brnabic. Cinco de ellas están relacionadas con sus causas legales, pero cuatro pueden cumplirse de forma inmediata: desbloquear la cuenta corriente del canal; garantizar que se renovará el contrato de emisión; recuperar la emisión de su canal; y que el gobernador de Novi Sad, del SNS, distribuya de forma justa los fondos públicos destinados a los medios de comunicación.

De momento, tras conseguir desbloquear la cuenta de su canal de televisión y recibir el permiso para volver a emitir, Pavlovic ha decidido confiar de nuevo en el Gobierno. Pero advierte: «Las cinco demandas relacionadas con mis causas legales no pueden cumplirse inmediatamente, pero esperaré un mes». Si no, volverá a alimentarse con suero y vitaminas, a poner en peligro su vida por la libertad de prensa en Serbia.