14/08/2019

Carlos GIL
Analista cultural
Repitan conmigo: ¡Libertad de Expresión!

No existe censura buena, porque sea la que censura lo que a mí no me gusta. No existe censura pequeña, ni relativa. Existe censura disfrazada de miles de excusas, dogmas, actitudes y desprecios a la libertad. Y censurar, siempre es censurar. Me duele tener que escribir estas líneas porque parece que se ha instalado en un pensamiento supuestamente de izquierdas, algo muy reaccionario: implantar una ideología para todos. Reaccionar con el mismo impulso censor para establecer un supuesto orden moral superior, incluso por encima de lo más importante, la Libertad de Expresión.

Lo de Bilbo es exactamente igual que lo sucedido en diversos barrios de Madrid. Unos artistas contratados por la institución, que llegan otros gobiernos y los suprimen de manera censora. Igual, es decir, lo mismo. Lo mismo es censurar las ideas de izquierdas que las letras machistas. Mañana vendrán otros y tacharán a otro artista porque se mete con la religión católica. Y esa entelequia de que es dinero público es una visión patrimonialista de lo público, que es eso, público, no al servicio de la ideología del contratante. 

En cada acto de contratar a un artista u otro se realiza una selección en donde intervienen factores presupuestarios, de atender a diversos sectores y un complejo sistema que siempre deja a alguien fuera que se puede considerar censurado. Y en ocasiones es así. Pero una vez contratado alguien, no se le puede juzgar previamente y llevarle a la cárcel de lo políticamente correcto con censura. Libertad de Expresión.