07/10/2019

Iñaki Lekuona
Periodista
Por sorteo

Francia es un país sorprendente. Cuando uno cree que ya lo tiene todo bajo control, va su presidente y te suelta que el problema del cambio climático mundial te lo solucionan 150 personas seleccionadas por sorteo de un total de 250.000 llamadas hechas a boleo. ¿Que qué hacemos de los expertos y de los investigadores que llevan años estudiando el tema? Hombre, lo suyo sería la hoguera, pero no estamos en ésas. Lo mejor es una operación de marketing en la que dejemos caer que cualquier pringado iletrado es capaz de dar una respuesta al calentamiento global. Ahora, si se trata de inmigración ilegal, la respuesta es inmediata y no hace falta debate: a su casa. Ahí no hacen falta ni expertos ni mucho menos ciudadanos elegidos a sorteo. Un ejemplo es Jerry, nigeriano que huyó de su país tras despertar del coma al que le indujo la misma paliza homófoba que mató a su pareja. Como no puede demostrar su homosexualidad, se le ha negado el derecho a asilo, por lo que ha sido detenido y en breve será expulsado a su país, donde se enfrentará a una condena de 14 años por maricón, y eso con suerte si se libra de la pena de lapidación. Esa es Francia, patria de los Derechos Humanos, donde no se sabe si es mejor que la gente vote o que sus gobernantes sean elegidos por sorteo. Casi mejor lo segundo, lo mismo le toca gobernar a gente competente.