22/03/2020

Antonio ÁLVAREZ-SOLÍS
Periodista
Recuerdo del 29

Durante años la humanidad trató de olvidar la crisis económica y social del 1929. Se clausuró definitivamente con la hecatombe que tuvo su expresión final en Nagasaki e Hiroshima. Cientos de miles de muertos en menos de unos segundos. Una vez más se demostró que la riqueza gobernada por la minoría equivale al crimen. Ahora la humanidad vive un momento en cierta manera semejante. La pandemia del coronavirus ha sorprendido a la humanidad con una realidad tremenda: el mundo se halla desnudo frente a la catástrofe. Es evidente que el capitalismo «social» de Davos no había pensado en acorazar socialmente a los pueblos. La pandemia nos ha sorprendido sin una sanidad mínimamente eficiente. El festival de las Bolsas se hunde en un océano solo dispuesto para las navegaciones exquisitas. Una multitud de avisos indicaban la proximidad de otra tragedia. Pero los negocios prescindieron de esos avisos. Es más, esos negocios siguieron rentabilizando la muerte. El coronavirus destruye el mundo a pocos meses de distancia del lenguaje empleado en Davos. En esta ocasión el drama alcanza incluso a los poderosos, pero los poderosos seguirán explotando el mundo porque saben que toda esa muerte revertirá en otro chorro de beneficios. La minoría que superviva en las alturas está contando ya cómo apoderarse del dinero creado artificiosamente de la noche a la mañana.