18 JAN. 2026 GASTROTEKA Dos ingredientes y el corazón al mando Cocinar para la gente que quieres es uno de los placeres y objetivos del chef de 7K. Una reciente comida con su cuadrilla le sirve para recordar a los lectores de esta Gastroteka lo fácil, sabroso y gratificante que pueden resultar algunos de los platos que recomienda preparar para ocasiones como esa. (Getty Images) Javi Rivero {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Espero que hayamos llegado todos y todas sanos y salvos a las orillas de las fabulosas playas que nos acogen este 2026. Habiendo pasado la vorágine -llena de olas- por la que tenemos que navegar cada Navidad, ahora toca descansar plácidamente tumbado en la arena, cual náufrago que llega agotado a la soñada orilla en la que no hay que hacer esfuerzo por flotar. Pensándolo bien, con los atracones que alguno y alguna se han pegado, eso de flotar sin esfuerzo está más que asegurado. En tal caso, soltar lastre para nadar algo más ligeros sería lo ideal. Pero no juzguemos a nadie que, a la orilla, a tierra firme, hemos llegado todos. Con más o menos propósitos, pero hemos llegado todos. Yo tampoco me he propuesto nada nuevo ni especial, lo cierto es que he pensado en tomarme todo con cierta perspectiva e intentar disfrutar de las cosas más sencillas. No me he propuesto llevarme bien con las air fryer ni nada por el estilo. Sigo pensando que las inventó Sartael (el demonio de “Errementari”) con el único objetivo de confrontar a las familias y amigos. No me he propuesto aprender a hacer pan, pero sí a comprarlo bien. Y tampoco me he apuntado al gimnasio, ya estaba apuntado hace tiempo. Soy de esos que paga la cuota del polideportivo de su pueblo, en el que ni siquiera vive ya, pero que, por amor y militancia o sentido de arraigo y pertenencia, sigue haciéndolo. No hacerlo sería una traición. Algo que sí me gustaría y a la vez sé que es difícil, es cocinar más para mi familia y mis amigos. Esto me remueve algo por dentro y a la vez me recuerda por qué elegí ser cocinero. Hacer felices a los demás es tan sencillo como prepararles algo rico y compartir ese tiempo con y para ellos y ellas. Esto es algo que tuve la suerte de hacer hace un par de semanas con la cuadrilla, para la que no cocinaba hace mucho tiempo. Me propuse encargar el género para el día de la comida que habíamos organizado pero, de manera natural, entre tragos y risas, decidimos no complicarnos la vida y cocinarlo todo de la forma más sencilla posible, con el objetivo de que nadie se perdiera un ratito largo en la mesa por estar cocinando. De forma natural, terminé cocinando en un pis-pas el género que había llevado, sin salsas ni largas cocciones. Un amigo se encargó de la txistorra a la sartén y el jamón ya decoraba la mesa. Lo único que preparé fueron cuatro piezas de rape a la parrilla, aliñadas únicamente con vinagreta. Sin patatas, sin ensalada, sin pimientos, sin nada más que el pescado y la vinagreta. Seguido, salteamos unos solomillos de jabalí, cortados en medallones, a toda pastilla en una sartén grande. Tan solo un par de dientes de ajo picados al final del salteado para darle su gracia. Mi cabeza estaba más en no perderme un rato con mis amigos que en aplicar las técnicas de cocina correctamente. Nos comimos uno de los mejores rapes que he probado en mucho tiempo. El solomillo también estaba brutal. Y, para la cantidad que llevamos, decir que no sobró nada sorprendería a cualquiera. Esta magia que a veces te regala la cocina es la mejor vitamina para seguir cocinando. Cuando menos te lo esperas, cuando solo estás pensando en el cariño que te da compartir una mesa con los que quieres, es cuando mejor se cocina. Solo el corazón al mando de los fogones. Resultó ser una comida tan agradable, tan redonda, tan rica y a la vez tan informal y cercana que, si uno la analiza desde “lo gastronómico”, también resulta genial. Y con esto no me estoy echando flores, ni quiero que lo parezca. Quiero compartir con vosotros algunos platos o productos que, si se cocinan y se combinan bien, resultan imbatibles. Una de las claves de la felicidad en la cocina. Pollo y tomillo: Es uno de los recuerdos de la infancia que más me ha marcado en cuanto a sabor. Pollo asado con tomillo fresco o seco, de las mejores combinaciones posibles para algo tan sencillo y fácil como un pollo asado. Una bandeja de horno, un buen pollo, una pizca de agua en el fondo de la bandeja, tomillo en el agua y dejar que el pollo sude grasa en esa agua. Asadlo a 200º mínimo, para que tueste a la vez que se cocina. Y, si os tomáis la molestia de ir bañando el pollo con la mezcla de su propia grasa/agua/tomillo, en una horita tendréis uno de los mejores pollos asados que habréis probado nunca. Jamón y mayonesa: Aquí hay pecado, pero es que con esto no se puede competir. Un buen jamón ibérico, picadito a cuchillo en taquitos pequeños, mayonesa casera y una proporción 60-40. 60 jamón y 40 mayonesa. Mezcladlo bien y servidlo sobre una tosta de pan. Cuidado que engancha… Alcachofas y avellana: Combinación clásica. Aquí el tema funciona sobre todo si la alcachofa va confitada primero y marcada a la plancha después. Se puede acompañar de avellana picada, rallada o en praliné, que es como yo os la recomiendo. Os recomiendo mezclar una parte de praliné con una parte de un buen aceite de oliva virgen extra y utilizar la mezcla para salsear un poquito las alcachofas recién cocinadas. Carne con ajitos: ¿A quién no le han cocinado un pedazo de carne con ajitos? Seguro que lo asociaremos a un sabor de la infancia. Mi amona preparaba una entrécula de ternera con ajitos con la que todavía sueño. Miel y ajo: Funciona para acompañar cualquier verdura, carne o pescado. Se trata de introducir unos ajos pelados en un bote de miel y dejar que pasen un par de semanas (un bote de 0,5 l con 12-15 dientes va bien). Veréis que la miel se separa en “agua” y “azúcar”. Podéis utilizar ese agua para acompañar lo que os apetezca. Os va a gustar. Podría seguir con chocolate negro y sal, cerdo y soja, puerros y café, mantequilla y pimienta negra… ¿Veis cómo no hay que complicarse la vida para cocinar y hacer feliz a los que tenemos cerca? Este va a ser mi mantra este año. On egin familia! Cuando menos te lo esperas, cuando solo estás pensando en el cariño que te da compartir una mesa con los que quieres, es cuando mejor se cocina. Solo el corazón al mando de los fogones