10 MAI 2026 MÚSICA Imarhan (Mario Skraban-Redferns | Getty Images) Gotzon Uribe {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} En el corazón del Sahara la música no es solo entretenimiento, es el cordón que une la tradición con la modernidad. Imarhan, la banda argelina que ha redefinido el sonido del Assouf -el blues del desierto- para el siglo XXI, regresa con su trabajo más ambicioso y espiritual hasta la fecha: “Essam”. Publicado por el sello City Slang en este 2026, el álbum se presenta como una obra coral que busca «el alma de las cosas», una traducción aproximada del término tamashek que da nombre al disco. Formados en 2006 en Tamanrasset, Imarhan siempre han sido los «hermanos pequeños» y herederos naturales de Tinariwen. Liderados por el carismático Iyad Moussa Ben Abderahmane -conocido como Sadam-, el grupo ha pasado las últimas dos décadas destilando las penas y esperanzas del pueblo Tuareg. Si en sus discos anteriores como “Aboogi” (2022) exploraban la construcción de su propio estudio de grabación en el desierto, en “Essam” se sumergen en una introspección mucho más profunda sobre lo que significa ser un nómada en un mundo hiperconectado. Bajo la producción de la propia banda, el álbum destaca por una calidad sonora que equilibra la aspereza del directo con una gran sofisticación técnica. Se han utilizado instrumentos tradicionales como el tende -tambor de mortero- y el tehardent -laúd-, pero procesados a través de pedales de efectos y amplificadores vintage, creando un puente sónico entre el pasado ancestral y el futuro. Musicalmente, “Essam” es un disco de contrastes. El primer sencillo, “Tarrat”, es un himno de resistencia con guitarras eléctricas que se entrelazan en ritmos hipnóticos de 6/8, evocando el trote del camello y la urgencia de la juventud tuareg. Por otro lado, piezas como “Azawad” muestran una faceta más acústica y melancólica, donde resuenan las armonías vocales del grupo. Líricamente, Sadam explora temas de identidad, ecología y la preservación de la lengua tamashek. El disco es un homenaje a los ancianos de su comunidad, cuyas historias están desapareciendo bajo el peso del progreso tecnológico. Para los coleccionistas, la edición física de “Essam” es una joya en sí misma, ya que la compañía de discos ha lanzado una edición limitada en vinilo. Lorne Thomson-Redferns | Getty Images Yaya Bey La polifacética artista de Brooklyn Yaya Bey regresa con “Fidelity”, un álbum que consolida su posición como una de las voces más honestas y renovadoras del R&B contemporáneo. Bey profundiza en una narrativa de autodescubrimiento y resiliencia. El disco es una amalgama de neo-soul, jazz y destellos de reggae, grabado en sesiones íntimas, donde la artista se ha encargado de la producción para mostrar una visión puramente personal. Con un enfoque casi documental, las 12 pistas de “Fidelity” capturan la vulnerabilidad de una mujer que navega entre el trauma generacional y la alegría radical. El uso de samples de conversaciones familiares y una instrumentación orgánica -donde destacan bajos profundos y arreglos de viento- confiere al álbum una gran textura.