05 JUIL. 2026 IRITZIA Registros DAVID FERNÀNDEZ {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Iba a escribir sobre calores, sudores y dolores y, de repente, en la pantalla del móvil, como adivinando dudas y descifrando certezas, se me coló una noticia abrasiva, propia de las palabras elocuentes de Eduardo Galeano y su lengua libre ante un mundo patas arriba. Era de la BBC. Y el titular rezaba en paradoja: “Suspendida por calor extremo la cumbre sobre calor extremo de Londres”. Y no era ninguna broma. Pasó en la London School of Economics, en el marco de la Semana por el Clima, con avisos rojos que anunciaban 37 grados y ante escasas medidas de refrigeración en un edificio antiguo. La leí saliendo de la noche corta de la verbena calurosa de San Juan, entre una Euskal Herria tropical y unos Països Catalans sofocantes bajo la primera ola de calor. Media Europa, según todos los registros, ya andaba batiendo récords de temperaturas extremas en un mes de junio. Los mismos registros que marcan las muertes por calor. 43 en Catalunya entre el domingo 21 y el miércoles 24 del pasado mes, según el Instituto de Salud Carlos III. El verano solo acaba de empezar. Los sofocos, claro está, van por barrios. Y por código postal también. Muy desigualmente -como los terremotos, en Venezuela o en Japón-. Quien no muere de frío al raso de la intemperie del invierno -siete personas sin hogar fallecidas en Catalunya entre diciembre y enero-, se desploma en verano. Un estudio reciente de la UAB recuerda la combinación funesta entre vulnerabilidad social, densidad urbana, temperatura superficial del suelo, ausencia de zonas verdes y altas temperaturas. Un cóctel de estrés térmico, redistribuido fatalmente al calor de los incendios del mercado capitalista. Entre el golpe de calor y lo infernal estructural, sube más la temperatura -y sus consecuencias- en los barrios pobres: los 77 barrios más afectados están en el área metropolitana barcelonesa. Una brecha térmica y social -y todos sus fantasmas reales- recorre el mundo. Suben las migraciones climáticas mientras en Silicon Valley hace años que cotiza al alza la distopía de la industria del búnker para megaricos -agua y aire bajo tierra-. Hace demasiado que los que saben, nuestros queridos bomberos y bomberas, nos advierten que los incendios se apagan de verdad en invierno, que vamos tarde en la era de las mutaciones del antropoceno y que afrontamos catorce tipologías de fuego distintas, con la pesadilla nuestra de cada verano: la temida simultaneidad. Sus conocimientos y alertas sirven, en ético doble uso, tanto para lo climático como para lo político en el cocedero global. En estos tiempos donde tanto pirómano sociópata anda suelto, sin rienda alguna y desde tantos palacios del poder que ordenan que todo arda mientras suben el aire acondicionado. Urgen extintores colectivos. Let’s be water, my friends. Un estudio reciente de la UAB recuerda la combinación funesta entre vulnerabilidad social, densidad urbana, temperatura superficial del suelo, ausencia de zonas verdes y altas temperaturas. Un cóctel de estrés térmico, redistribuido fatalmente al calor de los incendios del mercado capitalista