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PANORAMIKA

Desde el principio

«Jasper Johns: Night Driver» es una amplia retrospectiva que el Museo Guggenheim de Bilbo ha dedicado al artista estadounidense, e incluye, entre otras obras, sus famosas banderas. (Gorka Rubio | FOKU)

Una exposición retrospectiva es aquella que es capaz de proponernos, en un solo recorrido, una visión general de una vida dedicada al trabajo artístico. Este tipo de muestras pretenden servir como una suerte de homenaje a una figura concreta. Normalmente, suelen organizarse en función de las fechas o por etapas clave que marcan los ciclos creativos, pero no existe ningún manual que establezca convenciones concretas para su planificación. Una de las peores cosas de esta manera de mostrar el contenido es que muchas veces es difícil profundizar en determinadas obras o etapas vitales. Al tratarse de propuestas que deben abarcar un desarrollo temporal extenso, suelen quedarse en algunas capas de lectura más generales. Por otro lado, como aspecto positivo, podemos experimentar en una sola visita las evoluciones, cambios e intereses que han ido aflorando a lo largo de una carrera y ver, de primera mano, las consecuencias en las decisiones formales, la manera de producir y las técnicas o disciplinas utilizadas.

Quizás la manera más interesante de enfrentarse a una exposición de estas características sea entenderla como un mapa. Una hoja de ruta que nos propone un recorrido a vista de pájaro de un conjunto de elementos que van definiendo la vida y las decisiones que la condicionan. Como en todos los caminos, será nuestra decisión perdernos entre sus recovecos, elegir algún lugar concreto para quedarnos un rato más o simplemente para reconocer el terreno.

En la entrega de hoy nos centramos en la figura de Jasper Johns (EEUU, 1930) y la exposición que le ha dedicado el Museo Guggenheim de Bilbo. Johns es uno de esos nombres que aparecen en todos los manuales de arte del siglo XX. Un personaje clave para entender espacios de transición entre el expresionismo abstracto y la llegada del Pop Art, sus piezas se han convertido en icónicas y reconocibles. Imágenes que forman parte de la historia visual de la segunda mitad del pasado siglo y que han sido imprescindibles para entender el desarrollo posterior del arte contemporáneo.

La muestra comienza con algunas de sus famosas banderas que le otorgaron gran reconocimiento entre los años cincuenta y sesenta. A medida que avanzamos, nos encontramos con piezas que abarcan cuestiones como la identidad, el rostro, la cotidianidad o que abrazan la abstracción. Entre más de un centenar de piezas, es clave la presencia principal del trabajo gráfico; aunque, sin embargo, podemos disfrutar de su acercamiento a la escenografía y al diseño de decorados. Con “Night Driver”, el artista nos lleva por las sinuosas autopistas de su vida artística. Sin estaciones de servicio en las que descansar, los carriles se entrelazan hasta llegar a las carreteras secundarias de su legado. Disponible hasta el día doce del próximo mes de octubre.