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ARKITEKTURA

Reutilizar el vacío

El Parco Dora, ubicado en la ciudad italiana de Turín, es una demostración de que la reutilización de los espacios resulta provechosa. Donde antes había fábricas industriales, ahora hay un parque público y concurrido que, en lugar de desprenderse de las estructuras de antaño, las ha mantenido para darles una nueva forma y utilización y convertir el lugar en uno de los pulmones de la ciudad piamontesa.

En las imágenes, algunas de las estructuras del Parco Dora de Turín. (Iñigo García Odiaga)

Los edificios industriales, cuando dejan de producir, parecen condenados al olvido. Se desmontan sus cubiertas, se vacían sus naves y, poco a poco, se borra aquello que durante décadas dio forma a una parte de la ciudad.

Despojados de función y cargados de memoria, permanecen en el tejido urbano. Pero, más allá de su rehabilitación para sustituir un programa por otro, se puede optar por conservar el vacío que queda cuando la actividad productiva desaparece.

En Turín, el proyecto del Parco Dora propuso precisamente la transformación en un gran espacio público de una de sus mayores áreas industriales abandonadas junto al río. La intervención se desarrolló entre 2004 y 2012, tras un concurso internacional que ganó la propuesta liderada por el estudio Latz+Partner.

La operación no pretende borrar las huellas de la industria para construir sobre ellas un parque convencional. Las estructuras existentes se convierten en la materia principal del proyecto. Depósitos de hormigón, cimentaciones y estructuras metálicas permanecen como fragmentos de una infraestructura productiva que ahora adquiere otros usos.

Del antiguo Capannone di Strippaggio se conservan sus pilares y cerchas de acero, mientras buena parte de la envolvente se desmantela. La nave deja de ser un edificio cerrado y se convierte en una especie de paisaje arquitectónico, una gran estructura abierta donde la vegetación y la vida cotidiana ocupan el lugar que antes correspondía a las máquinas.

 

Iñigo García Odiaga

El espacio público no necesita un programa único. Puede ser, simultáneamente, recorrido y estancia, pista deportiva y lugar de juego, escenario y refugio. Puede acoger a quien pasea, a quien entrena, a quien se encuentra con amigos o a quien simplemente quiere estar.

Al visitar el parque, esta condición resulta evidente. Diferentes grupos sociales y de edades comparten el mismo espacio sin necesidad de que este haya sido diseñado específicamente para cada uno de ellos. La antigua infraestructura productiva, rígida y especializada, se transforma así en una infraestructura social extraordinariamente abierta.

El Parco Dora ha recibido diversos premios desde su transformación, reconocimientos a una forma de entender la regeneración urbana en la que reutilizar no significa necesariamente ocupar, cerrar o programar. Pero quizás el mayor logro, y el más importante, sea poder estar lleno de vida a diario. A veces, reutilizar consiste en dejar, para hacer que ese vacío vuelva a pertenecer a todos.