11 OCT. 2026 IRITZIA Majadería David FERNÀNDEZ {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Cada 12 de octubre, casi canónicamente, tal vez como atea oración, releo, como recitándolo de memoria, el breve artículo que escribiese el siempre añorado Manolo Vázquez Montalbán en 1987 en “El País”. Es de una vigencia perenne, destila una exactitud indiscutible y está escrito con una honda de tan largo alcance que hasta hoy perdura: «Si el presidente González no consiguió desfranquizar el Azor por el procedimiento de navegar en él, los ilustres padres democráticos de la patria que han decidido que el 12 de octubre sea fiesta nacional no han conseguido disimular el carácter imperialista, chulesco, majadero e impresentable de la Fiesta de la Raza». Sigue siendo así, 40 años después. Indisimuladamente y se ponga como se ponga la cabra de la Legión. Montalbán lo escribió tras la aprobación dermoestética de la ley 18/1987 impulsada por el PSOE, que blanqueaba el Día de la Raza decretado por el Gobierno Maura en 1918 y que el tosco franquismo elevó exaltadamente a Día de la Hispanidad imperial, colonial, racista y genocida. Puertas afuera y puertas adentro, claró está: tricornialmente. En el trámite parlamentario, diez años después del final formal de la dictadura, solo votaron en contra los diputados de Izquierda Unida-Esquerra Catalana. Minoría Catalana se abstuvo. El PNV y otros se ausentaron de la votación. HB estaba en la etapa de boicot institucional. No cambiaría mucho la votación hoy mismo, ahora que Vox reclama recuperar la nomenclatura de “hispanidad”. «Chauvinismo español», decía Jon Idigoras. Alguien dijo no hace nada, llamando de nuevo a rebato, que quien pudiese hacer que hiciese. Y reempezó la fiesta del cuento de nunca acabar. José María Aznar, sereno del pelotón de Colón y caudillo de la vieja cruzada, lo exigió hace bien poco trazando su inquisitorial hoja de ruta en enésimo pronunciamiento: «mayoría nacional». Santiago y cierra España -y a qué Santiago se refiere ya no es preciso aclararlo en las rimas de la historia-, porque «imperalista, chulesco, majadero e impresentable» -revisitado un texto de 1987 con las gafas de 2026- es radicalmente actual. Demasiado actual. Al fin y al cabo, que nueve años después del referéndum catalán del primero de octubre y de la razón de Estado posteriormente desatada, que todo un expresidente de la Generalitat perviva todavía en el exilio europeo expresa la anomalía en desnuda metáfora. Carles Puigdemont es tan inversamente libre en Europa como preso hubiese estado en el Reino de España. Mientras tanto, lo de siempre. Nada que celebrar, excepto cada libertad concreta, cada solidaridad puntual y cada avance social. Porque a tanta hibris «no-nacionalista» desbocada solo cabe continuar oponiendo la más decidida némesis republicana, democrática e internacionalista. Hasta que nos dejen en paz. Nueve años después del referéndum catalán del primero de octubre y de la razón de Estado posteriormente desatada, que todo un expresidente de la Generalitat perviva todavía en el exilio europeo expresa la anomalía en desnuda metáfora