18 OCT. 2026 TENDENCIAS The Ergo Jug LETICIA ORUE {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Hay un momento muy doméstico -servir agua, rellenar un vaso, pasar la jarra por la mesa- que suele resolverse con un asa exterior que (cuando no está pensada con cariño y buen hacer) estorba más de lo que ayuda. The Ergo Jug le da la vuelta: en vez de añadir un “apéndice”, esculpe el agarre dentro del propio cuerpo. Los dedos se alojan en la silueta, la carga queda más cerca de la muñeca y el gesto de levantar y verter se vuelve más estable, especialmente cuando no tienes una mano fuerte o cuando quien sirve es un niño. Lo que la hace “especial” no es solo la ergonomía, sino la contención formal: sigue leyendo como un recipiente alto y simple, el truco aparece cuando lo usas. Aquí la función no compite con el objeto, lo define. Es diseño que no presume, te espera en el uso, no en la foto. https://www.studio-klug.de/papier-regal Volt Face Durante años hemos tratado enchufes e interruptores como algo que hay que esconder, como si la electricidad fuese una vergüenza del interiorismo. Volt Face propone lo contrario, hacer visible lo que ya usamos, darle un lugar claro y convertirlo en parte del diseño. Studio 5.5, trabajando con mecanismos Odace de Schneider Electric, integra tomas y switches en mesas, mesillas y luminarias para que dejen de ser “detalles a disimular” y pasen a ser piezas con presencia. La gracia está en que no pide admiración gratuita: no es “mira qué artístico es un enchufe”, sino “mira qué lógico es reconocer lo que realmente pasa en una casa”. Una mesilla que asume cables, cargadores y rutinas nocturnas; una lámpara con un control que encuentras a la primera, sin tantear en la oscuridad. Es una corrección sensata: cuando colocas bien lo útil, lo útil también puede ser bonito. https://www.5-5.paris/ Bazar Bazar parte de un gesto casi Bauhaus: coger un perchero tipo “árbol” y convertirlo en un cilindro de varilla metálica. El resultado es doblemente útil: por fuera, una piel donde colgar; por dentro, un volumen que deja de ser aire para convertirse en almacenamiento gracias a baldas circulares. No es un objeto que ocupe una esquina, es una esquina que empieza a trabajar. La clave está en la modularidad silenciosa. Las baldas se colocan donde haya aro, así que la pieza no te impone un orden fijo, te lo presta. Al estar hecha en acero de alambre con pintura en polvo, mantiene esa ligereza visual de estructura dibujada, pero con la resistencia suficiente para aguantar el uso diario. Un mueble que no disfraza su lógica, la enseña, y por eso funciona. https://www.ateliersteffenkehrle.com/bazar/ Flat/Form El mueble “flat-pack” suele ganar el día que llega: entra por la puerta, se monta rápido y parece que todo está resuelto. El temita viene después: cuando te mudas, cuando algo se afloja, cuando necesitas desmontar sin destrozar. Flat/Form, de Satoshi Itasaka (h220430), está pensada justo para esa segunda vida. Su sistema se apoya en tornillos y tuercas para que montar, desmontar, reparar y volver a transportar no sea un accidente, sino parte del plan. Lo interesante es el enfoque. No promete salvar el planeta con un eslogan, propone algo más concreto y útil: muebles que aceptan que la gente se mueva. Hay una especie de amabilidad práctica en diseñar para el cansancio real de una mudanza: que el objeto no se convierta en un puzzle que te da miedo repetir. El hardware es familiar, la lógica es legible y eso ya es una forma de lujo. En el fondo, a veces lo sostenible es que una silla tenga la decencia de poder acompañarte cuando tu vida cambia de sitio. https://www.thedesignlabo.co.jp 366 Broadway Hay demoliciones que no solo tiran paredes: tiran memoria material. 366 Broadway (Rafael Prieto) parte de un edificio neoyorquino de 1908 y de sus fragmentos descartados para hacer lo contrario de lo habitual: convertir restos arquitectónicos en mobiliario. No como souvenir, sino como continuidad. La ciudad cambia, pero algo de su materia se queda en casa y aprende otra función. La pieza -o la serie- funciona por esa tensión entre lo que fue y lo que es. La madera, las molduras, los elementos recuperados no se “limpian” para parecer nuevos: se dejan hablar. Y ahí aparece una idea potente: el lujo no es estrenar, es heredar sin nostalgia, usar lo viejo sin pedirle perdón al presente. https://www.rafael-prieto.com/