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Panoramika

Retorcer la imagen

«Ipar Baltza», de Erlea Maneros, podrá visitarse hasta el próximo 11 de noviembre. (Cortesía de la galería Carreras Múgica© Manu Blázquez)

La imagen es el elemento protagonista de la creación visual. Prácticamente todas las disciplinas artístico creativas se basan en ella. Tanto la pintura como el grabado, hasta la imagen en movimiento. Incluso aquellas que hablan desde lo espacial, como la escultura o la arquitectura, se componen mediante la prevalencia de lo visual, de la mirada. Pero la imagen ha podido trascender de su labor de representación y repetición y ha sido utilizada también desde su propia materialidad. Los collages dadaístas o los fotomontajes de las vanguardias son el inicio del uso de ellas como un material plástico que propone puntos de interés compositivos, texturas y diálogos, aparte de sus significados de partida. Por supuesto, la revolución de los medios de creación y reproducción y la pérdida de la materialidad de la era digital nos han llevado hacia otro lugar. Aun y todo, la imagen ha permitido siempre trascender los límites de su propio funcionamiento, encontrar narraciones, relatos e interpretaciones más allá de su propia naturaleza. Retorcer la imagen es encontrar otros caminos e intereses que nos sacan de la lógica inicial entre mirada y figura.

En relación a lo anterior, hoy traemos a Panoramika la exposición que podemos disfrutar hasta el día 11 del próximo mes en la galería bilbaina Carreras Múgica. “Ipar Baltza” es el título de la muestra firmada por Erlea Maneros (Bilbo, 1977), una artista cuya formación y desarrollo de su profesión ha sucedido fuera de nuestro territorio, pues se formó en Glasgow y vive en California. Sin embargo, su relación con el contexto nunca ha sido de desconexión y es un nombre muy relevante dentro de su generación. Entre otras, una prueba de ello es que recibió el premio Gure Artea en el año 2018. Esta es su quinta exposición individual en la galería tras su presencia hace ocho años.

El título hace referencia a un término marítimo que remite a un viento agresivo preludio de un mar complicado. La exposición está conformada por cuatro trabajos que de alguna manera conviven instalativamente, pues se dan relaciones de posición y diálogo entre ellas. En “The Revolt of form” (I y II), Maneros experimenta con monotipos de tinta sobre papel, creando dos composiciones en pared que adquieren identidad de colección. Frente a ellas, tres monitores presentan comportamientos de esa tinta junto con imágenes de una serpiente de cascabel en el estudio de la propia artista. “Orientalism”, por su parte, parte de un archivo de imágenes publicadas en prensa que son descontextualizadas y presentadas como un análisis de su composición. En “Ipar Baltza” la imagen se abre camino como un elemento capaz de aunar diferentes implicaciones. A veces mucho más directas y, otras, desde una abstracción más orgánica, pero de cualquier manera sin abandonar la potencia de su condición.