21 JUIN 2015 SORBURUA Solsticio de verano TERESA MOLERES {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} H oy es el solsticio de verano, el día más largo del año en el hemisferio norte, cuando el sol alcanza su cénit y comienza el verano. Es una fecha arraigada en creencias populares como las hogueras de la noche de San Juan, recuerdo de fiestas paganas que celebraban el culto al sol y fueron asimiladas por ritos cristianos. La adoración al sol hizo a los egipcios construir la Esfinge para que el día de hoy el astro rey aparezca entre las dos pirámides. Los incas y mayas diseñaron sus edificios sagrados para que se alineasen con el sol del solsticio. Aquí cerca, en el crómlech de Mendiluze, hoy la sombra proyectada por la piedra más alta en el Oeste tapa la piedra situada en el Este. Todas las culturas antiguas veían sobrenatural el solsticio, el llamado sol quieto, porque creían que se paraba. Entre nosotros, la celebración de la noche más corta del año se trasladaba a la noche de luna llena siguiente a la noche del solsticio de verano para adorar a la diosa Mari, la deidad mayor en la mitología vasca. En esta fiesta, con la magia del fuego, se le hacían rituales para conseguir mejor caza, buenas cosechas y otros bienes relacionados con la casa, la familia y la comunidad. Además del fuego, se conservan costumbres relacionadas con el agua y los vegetales. Se creía que las aguas de fuentes, arroyos y ríos recogidas en la noche de hoy tenían propiedades mágicas para curar enfermedades de la piel de personas y animales. Y según la tradición oral recogida en algunos pueblos de Nafarroa, se cantaba a la vez que se rociaba con esta agua “sagrada”: «Sarna fuera/ona barrena eta gaiztoa kanpora» (Sarna fuera, lo bueno adentro y lo malo afuera). También en el ritual del solsticio de verano los árboles y vegetales tenían una presencia importante. Perdura la costumbre de colocar en las puertas y ventanas de los baserris ramas de espino albar o de fresno, como los vemos todavía junto con los eguzkilores para mantener alejados los rayos y los malos espíritus que propagan enfermedades. Como en otras antiguas sociedades agrícolas, se cantaba al nuevo sol que hacía crecer las cosechas. Según el antropólogo José María Satrustegi, las mujeres de Urdiain cantaban: «Orain arte belarra, hemendik aurrera gari» (Hasta ahora hierba, en adelante trigo). Luego se quemaba todo lo viejo del año anterior y se bailaba y cantaba alrededor de las hogueras hasta que salía el sol.