12 JUIL. 2015 PSICOLOGÍA Derecho al dolor IGOR FERNÁNDEZ {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Así, a primera vista, parece una idea chocante, contradictoria e incluso sádica, pero en una sociedad como la nuestra, el malestar emocional trata de ser desterrado, a veces más allá de lo razonable. Es evidente que nadie quiere sufrir, que no queremos notar la indefensión o el daño de ciertas experiencias, y sin embargo, el dolor cumple una función imprescindible. Médicamente, ya no es necesario sentir el dolor permanente de ciertas enfermedades y lesiones, hay unidades hospitalarias especializadas y tratamientos muy sofisticados que regulan esta desagradable sensación que para mucha gente es un auténtico infierno. Y, afortunadamente, ya no tenemos que ser esclavos del dolor. Tenemos la anestesia, sin la cual, antes del siglo XIX, cualquier intervención era un suplicio. Tiene un efecto hipnótico, analgésico, amnésico, relaja los músculos y anula los reflejos; es decir, prácticamente es como si lo que sucede físicamente bajo anestesia, no hubiera ocurrido para la mente. Y ojalá pudiéramos pedir algo así con respecto al dolor psicológico. En ciertas circunstancias, desearíamos quedarnos como dormidos, que simplemente pase lo que nos aflige y que cuando despertemos, ya no esté allí. Sin ir más lejos, nuestro cerebro tiene esta desconexión como mecanismo extremo de preservación, y ante un traumatismo físico o un impacto emocional traumático, se “apaga”, llevando a la persona a la pérdida de consciencia o al estado de choque. ¿Y quién no ha deseado que actuara del mismo modo cuando la intensidad es menor, cuando estamos decepcionados profundamente por una ruptura, cuando vivimos en la incertidumbre de una crisis, o tenemos miedo de estar solos? Rápidamente buscamos la paliación de ese dolor, distraernos, e incluso llegamos a exigirnos no tener ninguno. Nos dan ganas de salir corriendo porque el dolor nos asusta. Sin embargo, es importante distinguir entre dolor y daño, y entre dolor y sufrimiento. No todo lo que duele daña, no todo lo que produce malestar genera una herida, ni mucho menos un trauma. La función del dolor es la protección a partir del aviso de lo que puede estar yendo mal, lo que nos da la oportunidad de hacer lo necesario para que no se produzca el daño, que es el peligro real. Me duele estar solo en casa, me siento mal cuando no tengo a quién llamar y se me caen las paredes encima, momento en el que tengo la oportunidad de hacer algo para cambiarlo, y que esa tristeza no se convierta en depresión. Me da miedo salir del país para ir a trabajar fuera, no sé qué esperarme y me siento frágil, tengo ganas de llorar todo el día, me siento mal; y entonces, puedo optar por informarme de lo que me encontraré, buscar grupos a los que sumarme y que el miedo no se convierta en una fobia. Nadie puede confrontar el impulso a evitar el miedo, la tristeza, ni pedir a otros que simplemente lo aguanten sin quejarse, pero el malestar también nos empuja a movernos, a protegernos, a apropiarnos de nuestro momento vital y, en definitiva, a cambiar las cosas por dentro o por fuera, a crecer. Y eso nos pertenece. Es un dilema porque ser conscientes a veces duele, y al mismo tiempo nos hace ser dueños de nosotros mismos. Por otro lado, aunque el dolor físico o emocional es una experiencia individual, también nos sirve para pedir ayuda, para asociarnos ante una situación que no podemos afrontar solos, ya que moviliza a los demás. El dolor puede ser entonces pasajero, tener una finalidad, e incluso ayudarnos a cambiar. Sin embargo, cuando no podemos usar el dolor para impulsarnos, para pedir ayuda, ese dolor se convierte en sufrimiento. Entonces, el dolor es lo único que existe, se apodera de todo y nos sentimos profundamente solos e incomprendidos. Pero entonces, el sufrimiento, aunque suene duro, es solo una de las opciones.