26 JUIL. 2015 SORBURUA Árnica para una caída TERESA MOLERES {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} S i en una marcha nocturna por, pongamos, la sierra de Madrid –por poner un ejemplo de algo que me ha pasado– te caes y se te forma un hematoma gigante en la espinilla, nada mejor que echar mano de una pomada que contenga árnica. Y parece que funciona. La Árnica montana es conocida desde la antigüedad por sus propiedades medicinales antiinflamatorias y antiequimosis. Es la hierba reina para curar chichones, esguinces, rozaduras y golpes. Como a menudo sucede con las plantas de propiedades muy activas, su ingestión está contraindicada, excepto en los preparados homeopáticos. A comienzos de julio comienza la recolección de la árnica salvaje en las altas montañas europeas en base a la demanda de la industria farmacéutica y cosmética. Como es una especie amenazada de extinción, su explotación está reglamentada y cada recolector paga un canon y solo recoge la cantidad encargada por los laboratorios. Además, los agricultores recolectores se comprometen y adoptan un código de buenas prácticas para preservar esta riqueza vegetal. Solo se recogen las plantas en plena floración y siempre dejando una planta por cada cuatro metros cuadrados para que la árnica se reproduzca de forma natural. La «hierba de las caídas», como se la conoce popularmente, crece en las praderas ácidas de alta montaña después de recibir las copiosas lluvias de primavera. Sus flores son vistosas, de 8 cm de diámetro, parecidas a las margaritas y de colores amarillo o amarillo anaranjado. Tiene problemas de competencia con arándanos y brezos salvajes, invasivos y a los que hay que controlar. Pero su mayor peligro se encuentra en las explotaciones ganaderas y los fertilizantes del suelo, que pueden causar su desaparición inmediata. Como remedio casero, podemos cultivarlo en tiestos, jardineras o huertos. Las flores se recogen a partir del segundo año de cultivo y durarán hasta cuatro años. Le gusta el clima templado y húmedo, y los suelos ácidos o silíceos, algo pedregosos, evitando los suelos calcáreos. Con las flores se restriega la parte dolorida por el golpe, que enrojece y aumenta el calor por acumulación de sangre, lo que hace que desaparezcan o no salgan los moratones. También se pueden guardar las flores secas y utilizarlas en infusión –una cucharadita de flores por una taza de agua–, para su aplicación en compresa.