17 JAN. 2016 IRITZIA ¿Antorcha extinguida? DAVID BROOKS {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Desde los atentados en París, los políticos estadounidenses se han dedicado a alimentar lo mejor de lo peor: más temor, más guerra, más vigilancia, más xenofobia y, por supuesto, un nuevo enemigo externo. A los inmigrantes, les entorpece cualquier mejoría en sus vidas, y para las comunidades musulmanas –las estadounidenses y las extranjeras– es una pesadilla parecida a los tiempos que siguieron a los atentados del 11S. El temor sembrado por los políticos ha tenido resultados casi instantáneos: una nueva encuesta del “Washington Post” y ABC News apunta que el 83 % de los votantes empadronados cree que hay probabilidades de un gran atentado terrorista en un futuro cercano (por lo menos 10 puntos más que una encuesta realizada a principios de mes), y que la mayoría se opone a permitir el ingreso de refugiados de Siria y otros países de Medio Oriente. Políticos de ambos partidos, pero sobre todo de la derecha, han creado una ola xenofóbica, más bien islamofóbica. Recientemente, la Cámara Baja del Congreso aprobó por 289 votos contra 137 (casi todos los republicanos más 50 demócratas) un proyecto de ley para restringir el ingreso al país de los refugiados de Siria e Irak. La mayoría de los gobernadores (por lo menos 31) ha impulsado medidas con la intención de prohibir el ingreso de estos refugiados a sus estados. Todo esto acompañado de los precandidatos presidenciales republicanos, quienes abogan por una guerra religiosa. Donald Trump sugirió un programa para registrar a todo musulmán en el país (algo que líderes musulmanes y políticos de ambos partidos repudiaron; algunos compararon esa idea con el registro de judíos por los nazis). Poco antes, después de que un par de familias sirias se entregasen a las autoridades de migración en la frontera con México, afirmó que eso demuestra aún más la necesidad de construir «un muro grande y bello» a lo largo de la frontera. Jeb Bush y Ted Cruz, entre otros, proponen aplicar un examen religioso a los refugiados y permitir solo el ingreso de cristianos. Líderes musulmanes, algunos políticos, intelectuales, artistas, editorialistas y hasta el presidente condenan esta retórica de odio que, afirman, viola los valores estadounidenses más básicos. Agrupaciones de defensa de derechos civiles alertan de que ya se han registrado múltiples amenazas y actos de odio contra musulmanes en varios puntos del país. Cuando Bush fue preguntado por un reportero sobre cómo determinaría cuál entre los refugiados es cristiano o no, el precandidato titubeó: «Puedes comprobar que eres cristiano… Creo que lo puedes comprobar…». Tal vez el comentario más elegante y devastador fue el de Stephen Colbert, anfitrión del programa de televisión “The Tonight Show”, quien sugirió cuál podría ser el examen: «Si quieres saber si alguien es cristiano, simplemente pídele que complete esta frase de lo que dijo Jesucristo: ‘Tenía hambre, me diste algo que comer; estaba sediento, me diste algo que beber; yo era un extranjero y tú…’ Y si no dice ‘me diste la bienvenida’, entonces es un terrorista o está atacando al presidente». No es la primera vez que cunden la xenofobia y la locura antimigrante (locura, porque este es un país fundado y poblado por inmigrantes). Solo recordar que en los años 30, durante el inicio de la Gran Depresión, EEUU acorraló y deportó (en algunos casos, en trenes de ganado) a casi 2 millones de inmigrantes mexicanos, de los que probablemente la mitad eran ciudadanos estadounidenses. En años anteriores, poco después de la Primera Guerra Mundial, el Gobierno lanzó cacerías y deportaciones de «rojos», acusó a inmigrantes –sobre todo anarquistas– de importar ideas antiestadounidenses. Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, obligó a un buque lleno de refugiados judíos a regresar a Europa y entre las justificaciones mencionó que entre los judíos podría haber «comunistas» (varios de los refugiados acabaron muriendo en campos de concentración). En otro episodio, poco después del bombardeo de Pearl Harbor por los japoneses, el presidente Franklin D. Roosevelt ordenó internar a 120.000 japoneses-estadounidenses (incluso niños) en campos de concentración en el oeste de Estados Unidos. Algunos comentaristas señalan que hay cierta ironía en estas fechas, en torno al Día de Acción de Gracias, cuando se conmemora cómo sobrevivieron los refugiados ingleses que llegaron a estas costas gracias a los indígenas americanos. En la redes sociales se difunde una viñeta con un indígena americano diciendo a uno de estos puritanos recién llegados: «Perdón, pero no aceptamos refugiados». El poema de la Estatua de la Libertad, grabado en una placa en su pedestal (escrito por Emma Lazarus a finales del siglo XIX), afirma que «su nombre es Madre de Exiliados» y que da la bienvenida a los «desposeídos» del mundo. Vale recordar que la estatua fue construida en París y fue un regalo de Francia a Estados Unidos. Ahora lo ocurrido en París es usado para traicionar su mensaje. La Estatua de la Libertad, con sus famosos versos –«Mandadme a estos seres sin tierra que la tempestad trajo, ¡alzo mi lámpara junto a la puerta dorada!»–, pronto tendrá que exiliarse de EEUU, ya que es extranjera y no puede confirmar que sea cristiana.